Relaciones Internacionales – Comunicación Internacional

Crimen organizado

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Organized Crime

Winter 2012

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The couple had fled their Salvadoran homeland to North Carolina during the brutal war of the 1980s. They learned English, worked hard, started a successful business and became U.S. citizens. They sent money back home monthly, although not much…continue reading the editor’s letter.

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El Cultural

Palabra de VOR. Las mafias rusas en España

Cruz Morcillo y Pablo Muñoz. Espasa. 350 pp

FELIPE SAHAGÚN | 07/01/2011

No hay estrategia de seguridad nacional ni responsable de los servicios secretos de ninguna potencia que no incluya hoy el crimen organizado como una de las principales amenazas del siglo XXI. En 2006 veía la luz en castellano Ilícito (Debate), el excelente análisis de Moisés Naim sobre los efectos de los principales tráficos ilegales de armas, drogas, medicamentos, órganos, personas y todo tipo de productos pirateados. Misha Glenny, uno de los mejores conocedores de los Balcanes, publicaba dos años más tarde en McMafia (Destino) un estudio pormenorizado de las redes mafiosas más influyentes con origen en los países balcánicos. Desde entonces se han multiplicado, con desigual calidad y éxito, los títulos sobre las mafias.

Dos de los más recientes –Mafia export, de Francesco Forgione (Anagrama), y Mafia, de Petra Reski (Seix Barral)- ponen al descubierto y actualizan las complejas y siempre cambiantes redes de las principales familias italianas: la Ndrangheta, la Cosa Nostra y la Camorra. Un tercero, Palabra de VOR…, de Cruz Morcillo, redactora de sucesos de ABC, y Pablo Muñoz, jefe de Nacional del diario, describe la lucha de los últimos años contra las mafias rusas en España.

A partir de los sumarios y los testimonios de los investigadores, Muñoz y Morcillo relatan cómo se han asentado en España en los últimos 15 años algunas de las principales ramas, células y miembros de las mafias de la antigua URSS; la reconversión de los vory v zakonen (ladrones en la ley) en respetables empresarios sin tatuajes ni códigos legendarios, solo a golpe de talonario; sus relaciones con los grupos establecidos en los países de origen y con políticos, funcionarios y militares; la inquietante penetración en el tejido económico español y los incipientes intentos de atrapar en su telaraña a empresarios, abogados y políticos locales.

Dos de los más recientes –Mafia export, de Francesco Forgione (Anagrama), y Mafia, de Petra Reski (Seix Barral)- ponen al descubierto y actualizan las complejas y siempre cambiantes redes de las principales familias italianas: la Ndrangheta, la Cosa Nostra y la Camorra. Un tercero, Palabra de VOR…, de Cruz Morcillo, redactora de sucesos de ABC, y Pablo Muñoz, jefe de Nacional del diario, describe la lucha de los últimos años contra las mafias rusas en España.

“Nuestro país era el paraíso: leyes de extranjería y extradición blandas, posibilidades inigualables de inversión al calor del ladrillo y el turismo, y proximidad a paraísos fiscales”, escriben. “No se podía pedir más, pero lo había: un clima excepcional, un retiro dorado y la comprensión de vecinos que no preguntaban quién había comprado el mejor chalé de la urbanización”. A todo ello hay que añadir el retraso de las fuerzas de seguridad en reconocer la gravedad del problema y la tranquilidad con que, incluso desde la cárcel, pudieron manejar durante años sus negocios.En 300 páginas y 21 capítulos, Morcillo y Muñoz siguen, con la ayuda de algunos de los mejores investigadores de estas redes, sus intentos por acaparar mercados energéticos y la lucha policial y judicial contra ellos materializada en cuatro grandes operaciones con docenas de detenidos e imputados: Troika, contra la mafia rusa; Avispa y Java, contra la mafia georgiana, y Mármol Rojo, contra la ucraniana. La conclusión de los autores no invita al optimismo.

Mc Mafia. El crimen sin fronteras

Misha Glenny

Traducción de Joan Trujillo. Destino, 2008. 384 pp

FELIPE SAHAGÚN | 24/04/2008 |  Edición impresa

Mc Mafia -By Misha Glenny

Los tentáculos de las mafias llegan a todas partes. La globalización y los avances tecnológicos han facilitado su expansión mundial, pero “no es la globalización en sí misma lo que ha estimulado el espectacular crecimiento de la delincuencia organizada de los últimos años, sino unos mercados insuficientemente controlados, como el sector financiero, o excesivamente regulados, como el sector agrícola y el mercado laboral”. (p. 475). ésta es una de las principales conclusiones a las que llega Misha Glenny, prestigioso ex corresponsal de la BBC en la antigua URSS y en los países del Este, en McMafia. El crimen sin fronteras.

Policías, leyes y servicios secretos más fuertes y mejor coordinados internacionalmente, como proponen las grandes potencias, son paliativos, pero no frenarán el aumento incontrolado del tráfico ilegal y sangriento de drogas, personas, oro, diamantes, coltán, órganos, armas, información digital y toda clase de fraudes fiscales sin una regulación más estricta de los mercados financieros.

Aunque, por motivos más que sobrados, muchos siguen identificando el supermamut del crimen internacional con las mafias italianas, rusas y balcánicas, el narcoterrorismo iberoamericano y asiático, los yakuza japoneses y las TPC (tramas político-criminales) de la nueva China, el autor demuestra que “el tipo de delito más pujante en la Unión Europea entre 2002 y 2007 fue el fraude del impuesto sobre el valor añadido en transacciones internacionales, también denominado carousel fraud, consistente en importar productos a un país de la UE aplicándoles de forma ilícita el IVA y embolsarse este impuesto cobrado indebidamente en el momento de reexportarlos” (p. 472)

La UE se confiesa incapaz de precisar cuánto dinero se esfuma por estas cloacas, pero calcula que no baja de los 60.000 millones de euros anuales. Sólo el robo de tarjetas de crédito produce unos beneficios anuales de unos 30.000 millones de euros en el mundo. En la falsificación de productos -el 60% en China- se mueven cada año unos 300.000 millones de euros. Hay muchas más cifras interesantes, pero no se trata de un informe aburrido. Todo lo contrario. Cada uno de los catorce capítulos se apoya en la vida y obra de alguno de los criminales más famosos de los últimos años -el búlgaro estadounidense Ilya Pavlov, el serbio Arkan, los rusos Mikhailov y Mogilevich, el ucraniano Karabas, los indios Dawood y Rajan, el nigeriano Nwude, los colombianos Ochoa, Escobar y Rodríguez-Orejuela, el chino Chen Kai…–y en los políticos, policías y empresarios que los han protegido y ayudado.

Ninguno de estos mafiosos habría llegado tan lejos sin la complicidad o el apoyo de dirigentes políticos y de maquinarias estatales, lo que demuestra más allá de toda duda que “cuando una banda mafiosa convence a un Estado poderoso para que consienta sus actividades o coopere con ellas, ha descubierto la palabra mágica que abre la entrada de la cueva de Aladino, pues ningún mafioso prospera tanto como el que disfruta del apoyo estatal”. (p. 109)

Pavlov nunca se habría hecho con el control de los mejores negocios de Bulgaria sin la colaboración de su suegro, Petur Chergelanov, jefe de la contrainsurgencia militar, y de Andrei Lukanov, sucesor del dictador Zhivkov, al frente del primer Gobierno supuestamente libre de Sofía. La historia se repite en el resto de la región tras la caída del comunismo. “En toda la Europa del Este, la gente iba descubriendo que, cuando un país se desmorona, lo primero que aplastan los cascotes al caer es la ley”, escribe Glenny, con quien conocí los estertores de la última Yugoslavia unida en otoño del 90. No había un corresponsal extranjero más respetado en los Balcanes. El capitalismo no llegó hasta 1989 y los debilísimos estados que emergieron del antiguo bloque soviético no tenían capacidad para definir lo que era legal, de modo que quienes se colocaron bien entre 1990 y 1993 dictaron las normas del nuevo mundo.

“La caída de la Unión Soviética (a caballo de la globalización) es la causa más importante del increíble crecimiento de la delincuencia organizada que ha registrado el mundo durante las últimas dos décadas”, señala el autor. “En un abrir y cerrar de ojos provocó una caótica carrera por la supervivencia y el enriquecimiento. […] En este mortífero entorno una nueva clase de capitalistas explotó el vacío de poder robando industrias enteras y vaciando las arcas del Estado” (p.68).

Organizaciones tan poderosas como el KGB y el Ejército Rojo se enredaron rápidamente en esta pesadilla, cuyas repercusiones traspasaron las fronteras de la URSS y llegaron a todos los continentes, al tiempo que salía de la nueva Rusia dinero a espuertas hacia los principales paraísos fiscales. Según la policía israelí, los rusos han blanqueado entre 5.000 y 10.000 millones de dólares a través de entidades bancarias israelíes en los 15 años posteriores a la caída del comunismo. Es sólo la punta del iceberg.

Aunque el propio autor asegura que su investigación se basa principalmente en unas 300 entrevistas realizadas entre mayo de 2004 y abril de 2007, vuelca en ella todo el conocimiento acumulado en sus años de corresponsal, un estudio riguroso de los mejores textos sobre la materia (recogidos al final del libro) y 20 años de viajes por todo el mundo indagando las causas más profundas del crimen organizado y de la economía sumergida, que, según el FMI, el Banco Mundial y los principales servicios secretos, representan ya entre un 17 y un 25 por ciento del PIB del planeta. (p. XVIII)

Nuestra creciente dependencia para todo de las comunicaciones electrónicas multiplica nuestra vulnerabilidad, seamos o no usuarios de Internet. “En el nuevo milenio, esa clase de delitos ha experimentado un asombroso crecimiento y representa, quizás, el mayor desafío para las fuerzas del orden de todo el mundo”, concluye Glenny.

Améxica. Guerra en la frontera

Ed Vulliamy

Traducción de Vicente Campos. Tusquets. Barcelona, 2012. 416 páginas, 22 euros

Considerado, junto a Gomorra de Saviano y Mc Mafia de Glenny, uno de los tres mejores trabajos sobre la criminalidad global, su autor, Ed Vulliamy, ha sido descrito como un moderno Graham Greene.

FELIPE SAHAGÚN | 08/06/2012 |  Edición impresa

En la Frontera entre méxico y EE.UU., una pintada alude a los ‘Z’, la narcobanda

Améxica no es sólo un juego de palabras. Mexica es el pueblo azteca de lengua náhuatl que emigró al sur para levantar su gran ciudad de Tenochtitlán -hoy Ciudad de México- y fundar el gran imperio. El movimiento chicano en los EE.UU. resucitó en los años 60 la noción de una tierra madre de los mexicas, Aztlán, basada, como la frontera actual, en la dualidad y en la oposición de complementarios.

“He sido reportero de guerra en muchos campos de batalla”, confiesa el autor en el prólogo, “pero en ninguna parte la violencia ha sido tan extraña ni tan abrumadoramente coercitiva ni ha provocado tanta repugnancia como a lo largo de esta frontera”.

Cuando, hace dos años, vio la luz en inglés el último libro de Ed Vulliamy (1954), veterano corresponsal británico con larga experiencia en los Balcanes y en Irak, el londinense The Times lo incluyó -con Gomorra, de Roberto Saviano, y McMafia, de Misha Glenny- entre los tres mejores trabajos publicados hasta entonces sobre la criminalidad global. “Vulliamy escribe como un moderno Graham Greene”, destacó The New York Review of Books.

La primera edición en castellano corrige las numerosas erratas de traducción de términos españoles al inglés y, en un prefacio de once páginas, actualiza los datos principales de “la primera y prototípica guerra de nuestra sociedad hipermaterialista y agresiva”. “Es la primera verdadera guerra del siglo XXI porque, en última instancia, es una lucha que se libra por nada”, añade el autor, mucho mejor reportero que analista, tras dos viajes a lo largo de toda la frontera en 2008 y 2009, numerosas entrevistas y una minuciosa lectura de la bibliografía más importante sobre el tema, que recoge al final del libro.

“Se libra en una época en que el hipermaterialismo beligerante es una ideología en sí mismo, cuyos representantes principales dirigen sus empresas o bancos con el único credo de la codicia personal”.

Tras un primer capítulo sobre el origen, la estructura y la evolución de la narcomafia mexicana, Vulliamy, apoyado siempre en los mejores periodistas locales, en sacerdotes que viven para contarlo y en un puñado de mujeres valientes, sin apenas fuentes oficiales, recorre los 3.300 kilómetros de la frontera, deteniéndose en las principales ciudades: desde Tijuana en el Pacífico a Matamoros en el Golfo de México, pasando por Altar, Nogales, Agua Prieta, Palomas, Ciudad Juárez, Ojinaga, Nuevo Laredo y Reynosa. Entre Tijuana y Ciudad Juárez, la guerra se libra entre los cárteles de Sinaloa, Tijuana y Beltrán Leyva. En Juárez las pirámides del cártel se han desmoronado, sumiendo a la plaza (jurisdicción) en el caos y en la anarquía. Hasta 2010, de Ciudad Acuña a Nuevo Laredo se mantuvo lo que se conoce como la Pax Mafiosa gracias al férreo control del cártel del Golfo, pero la ruptura con la matriz de su ala militar o Grupo Operativo, los Zetas, hoy aliados con la ‘Ndrangheta de Calabria y muy fuertes en Centroamérica, ha resquebrajado el viejo orden en los puentes entre Viejo y Nuevo Laredo, por los que pasa el 40 por ciento de todo el comercio bilateral. La rivalidad interna y la escisión en el cártel del Golfo, y el conflicto intestino entre el mando del cártel y su brazo ejecutor, han estallado en cruentas luchas en Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, “limpieza” de comunidades enteras a punta de pistola y atrocidades espantosas en centros de rehabilitación.

En la primavera del año pasado se encontraron fosas comunes con cerca de 200 cadáveres de personas desaparecidas por todo México. La mayoría habían sido tiroteados, algunos quemados vivos; las mujeres, violadas antes de ser asesinadas. Lo peor es la ignorancia, la impotencia o, lo más grave, la complicidad de las autoridades y de las fuerzas de seguridad, sobre todo de las policías locales, las escasísimas detenciones y condenas, y, ante tanta crueldad e impunidad, que cada vez sean menos los que se atreven a acusar o a denunciar a los asesinos por miedo a represalias.

En un lenguaje crudo, sin ahorrar detalles, el autor revive los momentos más espeluznantes del infierno con escenas ante las que “El Bosco, hasta en sus más vívidamente imaginativos ejemplos de terror piadoso, se habría estremecido”. Con ayuda de supervivientes, nos muestra el calvario de los emigrantes ilegales (pollos) en manos de los coyotes de los cárteles que se han ido apoderando del negocio y presenta el feminicidio que, desde las maquilas de Juárez, se ha ido extendiendo a todo México como un subproducto de las condiciones económicas, de la cultura machista y de la ausencia total de seguridad.

Hasta hoy, advierte Vulliamy, uno de los primeros periodistas que entraron en el campo de concentración serbio de Omarska, en Bosnia, y el primer periodista que testificó, ya en 1996, ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, “se combatían musulmanes y judíos, comunistas y fascistas, serbios y croatas, tutsis y hutus […] por una causa, una fe […], por descabellada que fuera”. Sin una causa desencadenante concreta, “los mexicanos se están mutilando, torturando y matando unos a otros aparentemente por dinero y por las rutas del contrabando de drogas que lo generan”, pero “la mayor parte de la violencia brutal […] se debe a la lucha por los pequeños beneficios del mercado doméstico y el trapicheo callejero”. Sin que la izquierda ni la derecha mexicanas demuestren capacidad alguna de resistencia, la narcoguerra se libra también en la red, en YouTube y en los teléfonos móviles, que los cárteles utilizan para amenazar a rivales y funcionarios, y abrir perversas páginas, muy visitadas, en las que exhiben sus barbaridades.

Las bandas criminales dedicadas al narcotráfico, para Vulliamy, no son pastiches de corporaciones globales ni bastardos errantes de la economía global, sino pioneros que señalan, con su lógica comercial y su modus operandi, el paso siguiente de la nueva economía planetaria. Para el autor, la carnicería de México (unos 10.000 muertos cada año desde que, en diciembre de 2006, el presidente Felipe Calderón declaró la guerra a los cárteles de la droga) representa la era del gobierno global de la banca multinacional que, según Antonio María Costa, ex jefe de la Oficina de Narcóticos y el Orden Público de la ONU, se ha mantenido a flote durante años mediante el blanqueo de los beneficios de la droga y del crimen. Acusación tan grave merecería algo más que un posfacio en un texto de 400 páginas. Aunque el testimonio de Martin Woods, ex jefe del departamento contra el blanqueo de dinero de Wachovia, banco adquirido por Wells Fargo en el crash de 2008, parece solvente y las cantidades transferidas desde las “casas de cambio”mexicanas a cuentas en dólares de Wachovia en los EE.UU. (378.400 millones de dólares, un tercio del PIB mexicano) son escandalosas, el autor pierde credibilidad al generalizar sin pruebas suficientes.

Si el Partido Revolucionario Independiente (PRI), como anuncian las encuestas, recupera la presidencia en julio, Vulliamy, refugiado desde hace tiempo en una casa de falso adobe en las afueras de Tucson, Arizona, a 115 kilómetros de la frontera, prevé una moderación del conflicto y una versión mutada de la Pax Mafiosa que funcionó hasta la derrota del PRI en 2001, pero el impacto de esta guerra sobre México será más profundo y a más largo plazo. Como repite David Rieff, a pesar de todo “México es un Estado herido, pero no muerto ni fallido” y es probable que aún no hayamos visto todo el poder de sus militares. “Cuando lo veamos”, advierte, “si llega el caso, el paisaje cambiará radicalmente”.

ILLICIT: How Smugglers, Traffickers, and Copycats Are Hijacking the Global Economy. By Moisés Naím.(Doubleday, $26.)

Naím, the editor of Foreign Policy magazine, contends that the Bush administration’s focus on traditional nation-states as the sources of terrorism and other maladies is a costly illusion. Instead, he concentrates on the modern-day buccaneers who are fleecing and menacing governments in rich and poor countries, whether by pirating movies or by smuggling weapons of mass destruction. The one thing uniting this disparate group of desperadoes, terrorists and unscrupulous officials, Naím says, goes back to Adam Smith: All it takes to get involved is an interest in the profit motive. Well-organized and informative, Naím’s book includes portraits of everyone from A. Q. Khan, the father of Pakistan’s nuclear program, to Ronald K. Noble, the head of Interpol – and a mass of supporting detail that at times will excite only the most wonkish nerds. So eager is Naím to buttress his thesis that he probably underestimates the durability of nation-states. Still, he provides a valuable antidote to the notion that they are all that counts. (The New York Times.  Review by JACOB HEILBRUNN Published: December 25, 2005)

Edición en español:  Editorial Ramdom House Mondadori, Serie Debate, Octubre 2006

Recensión por Guillermo de la Dehesa

Moisés Naím, director de la influyente revista “Foreign Policy” acaba de publicar un excelente libro con el título de “Ilícito”, sobre lo que podría llamarse “el lado oscuro de la globalización”. Esta otra cara mucho más trágica y cruenta y menos conocida de la globalización aunque por desgracia crecientemente importante necesitaba de alguien como Naím que la mostrase desde todos sus ángulos y con el máximo rigor. El resultado no puede ser más certero ya que une su conocimiento e información exhaustivos sobre este oscuro asunto a su capacidad para ser didáctico, ameno y siempre impactante.

El desarrollo tecnológico ha permitido que los costes de transportar los productos, los servicios, los capitales, las personas y las ideas se hayan ido reduciendo progresivamente, lo que, junto con una política de apertura de los países, ha ya impulsado la globalización e integración creciente de sus respectivos mercados.

Por un lado, la aceleración de la globalización económica está integrando rápidamente los mercados internacionales y, como una bola de nieve, está atrayendo a nuevos países en desarrollo a abrirse a los flujos comerciales, financieros y tecnológicos globales, así como permitiendo que los países desarrollados, en un rápido proceso de envejecimiento, puedan recibir mayores flujos de inmigrantes para sustituir a su menguante fuerza laboral. Esto permite que la competencia internacional sea mayor, los precios de muchos productos más bajos, la inflación menor, el poder de compra de los consumidores mayor y los ciclos más largos y, además, permite que la producción esté mejor repartida en el mundo, de acuerdo con las ventajas comparativas de cada país y que empiece a iniciarse un proceso de convergencia de la renta en la mayor parte de la población mundial.

Pero, por otro lado, el creciente desarrollo tecnológico y la caída de los costes de transporte también permiten que todas las actividades ilícitas y sus agentes sean delincuentes y contrabandistas profesionales o personas que intentar salir de la pobreza y ganarse un sustento, se globalicen. Es decir, que los mercados, tanto de dinero negro, de armas (desde cortas hasta nucleares), de drogas y de arte, cultura, productos e ideas robadas o falsificadas, como incluso, lo que es todavía peor, de hombres, mujeres y niños o de órganos humanos, logren integrarse e internacionalizarse a la misma o mayor velocidad que las actividades legales.

Los ciudadanos y los gobiernos del mundo tienen que enfrentarse a estos delincuentes globales, crecientemente poderosos, ya que sus negocios son mucho más rentables antes y después de impuestos que los lícitos, lo que les permite disponer de ingentes recursos para corromper a políticos, funcionarios, policías, militares e incluso jueces. Además, al igual que las empresas multinacionales, sus bandas, bien organizadas, han devenido globales, con lo que es necesario enfrentarse a ellas de forma coordinada y global lo que requiere poner de acuerdo a muchas administraciones públicas a jueces y policías. Esta dificultad de coordinación ha dado pie a que estas bandas lleguen a organizarse, expandirse y fortalecerse con mayor facilidad y eficiencia que si actuasen en un solo país.

Lamentablemente, con la excepción de las drogas y las armas nucleares, este comercio ilícito y clandestino no ha sido objeto de un tratamiento coordinado internacionalmente con tratados y acuerdos entre países hasta muy recientemente, lo que ha permitido que el poder de sus organizadores haya llegado a ser inmenso, controlando partidos políticos, ONG e incluso gobiernos ya que en algunos países controlan recursos superiores a los de sus administraciones públicas. El autor cree que si no se hace frente a este nuevo fenómeno global su poder va a llegar a ser de tal envergadura que puede afectar seriamente a la seguridad nacional y mundial y convertirse en otra amenaza tan grave o mayor que el terrorismo.

En definitiva, Moisés Naím ha hecho una aportación fundamental al conocimiento de este mundo clandestino, de este “agujero negro” en el planeta tierra, tan opaco pero al mismo tiempo tan poderoso, con una aportación de información notable y una capacidad analítica e intuitiva fuera de lo común. De obligada lectura.

La caza. Yo y los criminales de guerra

Carla del Ponte

Trad. Antonio Suárez Varela. Ariel. Barcelona, 2009. 400 páginas. 22’95 euros

FELIPE SAHAGÚN | 12/06/2009 |  Edición impresa

Carla del Ponte

Dieciséis años después del establecimiento del primer tribunal internacional desde los de Nuremberg y Tokio, tras la II guerra mundial, es hora de hacer un primer balance. Las memorias de Carla del Ponte (Bignaso, Suiza, 1947), escritas con la ayuda de Check Sudetic, ex reportero del New York Times, cuya traducción al castellano acaba de publicar Ariel un año después de la primera edición en inglés (Madame Prosecutor. Confrontations with Humanity’’ Worst Criminals and the Culture of Impunity), son una fuente indispensable para conocer los crímenes cometidos en las guerras balcánicas de los 90 y los límites de la nueva justicia internacional en la posguerra fría.

A pesar de carecer de una fuerza policial o militar para hacer cumplir sus decisiones, los tribunales para la antigua Yugoslavia, Ruanda, Sierra Leona, Camboya y Líbano, y el Tribunal Penal Internacional establecido en la conferencia de Roma del 98, que vio la luz en 2002 tras las ratificaciones necesarias, ya han acusado y juzgado o detenido a unas 300 personas de doce países, entre ellas tres ex jefes de Estado y varios ex primeros ministros. Sin su influencia, es imposible que 16 ex jefes de Estado o de Gobierno hubieran sido procesados en tribunales de sus propios países por corrupción o violaciones de los derechos humanos.
El fiscal internacional, además de investigar, identificar a los sospechosos y vigilar el procedimiento, tiene que hacer de diplomático, psicólogo, político y recaudador de fondos para que las autoridades nacionales detengan y entreguen a los presuntos culpables y el tribunal disponga del tiempo y de los medios necesarios para juzgarlos. Muy complicado.

Pocos lo saben mejor que Carla del Ponte, fiscal del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia desde 1999 hasta 2007, tras una durísima batalla contra la mafia siciliana y el blanqueo de dinero en su país natal, Suiza. Todavía hoy, retirada como embajadora de su país en Argentina, vive con escolta permanente por las amenazas de muerte que ha recibido. Su libro no es un catálogo de los juicios y contra los criminales balcánicos, sino un repaso pormenorizado, valiente y nada diplomático de sus dificultades para hacer justicia y acabar con la impunidad en los Balcanes.

No es casualidad que los trece capítulos en los que, por orden cronológico y geográfico, se ordenan sus recuerdos empiecen con el verbo enfrentarse: al muro di gomma (la mafia) hasta el 99, a los crímenes de Yugoslavia, Ruanda, Kosovo y Montenegro desde entonces, aguas pobladas por periodistas, soldados, espías, contrabandistas…, rara vez por jueces y fiscales en busca de justicia que no sea la de los vencedores.

Del Ponte no deja títere con cabeza: desde el ex director de la CIA, George Tenet, a los responsables de las repúblicas balcánicas, pasando por los máximos dirigentes militares, civiles y religiosos de Occidente. La ex fiscal hace una radiografía reveladora de los incontables muros di gomma (excusas, mentiras, disculpas, medias verdades, incumplimientos y toda clase de comportamientos hipócritas) con los que, sistemáticamente, se encontró en su búsqueda de la justicia.

¿Lecciones? Los fiscales deben perseguir a los criminales de todos los bandos enfrentados o no sirven para nada. Los mandatos deben dirigirse contra los criminales de más alto rango, por complejo que sea el procedimiento, o pierden legitimidad. En el futuro, las salas de primera instancia, no sólo las fiscalías, tienen que adoptar posiciones más firmes y sonoras para obligar a los gobiernos a colaborar en la entrega de toda prueba necesaria. Apenas iniciado su mandato, los fiscales tienen que formar unidades de seguimiento con potestad para efectuar detenciones, con toda la ayuda financiera y logística de la ONU… (p. 411-418)

Un Comentario

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