Relaciones Internacionales – Comunicación Internacional

Don Juan Carlos, el primer embajador de la democracia española

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Charles Powell ( Documento de Trabajo, 11 julio, 2017)

REMCO

Son muy numerosos los estudiosos que han coincidido a la hora de señalar la importancia del papel del rey don Juan Carlos (y de la monarquía como institución) en la normalización de la acción exterior de España que se produjo tras la muerte de Franco, y en la proyección internacional que se alcanzó posteriormente como resultado de ella1. Sin embargo, y como ocurre con tantas otras facetas de la labor desarrollada por el monarca durante su reinado, esta cuestión no ha recibido la atención pausada y sistemática que merece. Por ello mismo, aquí se pretende ante todo llamar la atención sobre la existencia de esta laguna, a la vez que se aportan algunos argumentos que puedan contribuir a superarla. Además, parece razonable situar esta reflexión en el contexto más amplio del estudio del
papel de la Corona en la acción exterior de las monarquías parlamentarias.

El protagonismo de don Juan Carlos en la esfera exterior se debió sobre todo a las circunstancias específicas de su reinado, y muy especialmente, a las que acompañaron su llegada al trono. De ahí también que, a diferencia de otros monarcas contemporáneos, su papel internacional experimentara cambios muy significativos a lo largo de su vida, reflejo a su vez de la notable transformación política del Estado cuya jefatura ostentó entre 1975 y 2014. Durante la primera etapa de su reinado, que se inició con su proclamación en 1975 y concluyó con la llegada al gobierno de Felipe González en 1982 (con un preámbulo interesante en 1969-75), el rey desempeñó un protagonismo notable en la definición e implementación de una política exterior que buscaba ante todo la plena inserción de España en el orden internacional, o si se prefiere, la normalización de sus relaciones exteriores, así como el reconocimiento de la propia monarquía. Este protagonismo se debió en parte a los poderes que atribuía al monarca la Ley Orgánica del Estado (1967)2, cuyos principales preceptos estuvieron vigentes hasta la aprobación de la Constitución de 1978, y sobre todo, a las excepcionales circunstancias del proceso democratizador, que le permitieron, cuando no le obligaron, a ejercer un notable liderazgo político, también en el ámbito exterior. Esta situación experimentó una importante mutación con la entrada en vigor de la Constitución de 1978, que modificó sustancialmente su relación con el presidente del gobierno, Adolfo Suárez.

Sin embargo, el acontecimiento que más impacto tuvo sobre su actuación exterior fue seguramente el arrollador triunfo electoral de González en las elecciones generales de octubre de 1982, hito que marcó el inicio de una segunda fase, de consolidación de la normalización iniciada durante la primera. El momento álgido de esta etapa fue la Conferencia para la Paz en Oriente Medio, celebrada en el palacio real de Madrid en 1991, que supuso el reconocimiento de la madurez diplomática de un Estado que no había auspiciado un cónclave comparable desde la conferencia de Algeciras de 1906. (A esto habría que sumar los juegos olímpicos de Barcelona y la Expo92 de Sevilla,acontecimientos que tuvieron una notable proyección internacional, y en los que la familia real tuvo un especial protagonismo.)

La tercera fase de la evolución que analizamos aquí se inició con el cambio de siglo, durante el segundo mandato de José María Aznar, y se prolongó bajo las presidencias de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Durante esta tercera y última etapa, el protagonismo exterior del monarca experimentó cierto declive, debido tanto al contexto internacional como a la actuación de sus gobiernos, y más adelante, a la erosión de su popularidad entre la ciudadanía española.

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