Relaciones Internacionales – Comunicación Internacional

El cisne negro y la crisis del Covid-19… (Juan Leña)

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Por Embajador Juan Leña, Pte de Honor de Cátedra China

22/05/2020

El 28 de enero de este año, el BBVA enviaba a algunos de sus clientes y accionistas una Nota Especial con un título sugestivo y brillante, pero más propio de un thriller que de un análisis de coyuntura de una entidad financiera: «Un cisne negro acaba con la complacencia”. Un cisne negro, según la formulación del profesor Nassim N. Taleb, es un acontecimiento imprevisible que tiene gran impacto y que, por su propia naturaleza, nunca está presente en los escenarios de los agentes económicos.

Así se describía en la Nota del BBVA al Covid-19: “el nuevo brote infeccioso chino, provocado por un virus, que ocasiona una enfermedad parecida a la neumonía, que ya se ha extendido a cuatro continentes y que ha matado a unas ochenta personas, entraría dentro de la definición de cisne negro, ya que estamos hablando de un factor de riesgo desconocido, cuyo impacto no había sido descontado por los mercados financieros”.

Hay que agradecer al BBVA la redacción y distribución de esta Nota Especial en fecha tan temprana como el 28 de enero, cuando los gobiernos y la propia OMS habían ignorado, ocultado o minimizado el alcance real de lo que se avecinaba: a día de hoy (19 de mayo), 4.782.237 contagiados por el Covid-19 en todo el mundo, 318.882 fallecidos y 1.598.508 recuperados. Los más afectados por la pandemia: EEUU, Rusia, Brasil, Reino Unido, España, Italia, Alemania, Turquía, Francia, Irán e India. Los once países han adelantado a China, la primera en sufrir el Covid-19, con un balance total de 82.947 contagiados y 4.634 fallecidos.

China mantiene hoy niveles de contagio mínimos con un nuevo caso y cero fallecidos. Ha habido rebrotes, pero de escaso alcance, especialmente, en el noreste del país, en la ciudad de Shulan. No obstante, dada la superficie y población de China, algunos analistas y gobiernos (Australia y Estados Unidos, entre otros) dudan de las cifras facilitadas por las autoridades chinas y sobre el origen del virus, que podría haber salido de un Instituto de Virología de la ciudad de Wuhan, donde se produjo el primer contagio. Afirmaciones que no han sido avaladas por la comunidad científica. Incluso un periódico como The New York Times ha escrito que las acusaciones de los responsables norteamericanos en ese sentido carecen de fundamento.

China ha tenido un indudable éxito en la contención de la pandemia por la vía del tratamiento sanitario, un estricto confinamiento y rigurosas limitaciones al transporte y los desplazamientos. No obstante, a la vista de la importancia de la cooperación internacional y el intercambio de información para atajar el virus y lograr una vacuna eficaz o fármacos que limiten la acción del Covid-19, China debe mostrarse receptiva a las solicitudes de información provenientes de gobiernos e instituciones. La mejor respuesta no es, ciertamente, reaccionar suspendiendo las importaciones de vacuno australiano, ante la petición de una investigación independiente sobre el origen de la pandemia solicitada por las autoridades de Camberra.

La rápida expansión del virus por todo el mundo da idea de la tragedia que padecemos: la economía paralizada, los desplazamientos muy limitados, un descenso del PIB sin precedentes, millones de parados, una importante destrucción del tejido productivo en vías de materializarse, sobre todo en el ámbito de la pequeña y mediana empresa, interminables colas de personas en busca de ayuda alimentaria, como no se veía desde la depresión de 1929, y la población padeciendo formas de confinamiento más o menos estrictas, según los países.

La lista de países mencionados no debe esconder el drama de los que padecen escasos recursos y medios sanitarios, de los que apenas se habla o escribe y que muy poco pueden hacer frente a la pandemia. De ahí la necesidad de volcarse en la ayuda a esos países, marcados por el olvido y los estragos de la enfermedad. El virus, cualquiera que fuera su origen, inició su andadura en Wuhan y de allí, como corresponde a la rapidez de las comunicaciones en nuestros días y a los desplazamientos masivos, que también son rasgo de nuestra época, se extendió, asimismo, de manera imparable por todo el mundo, hasta el momento en que nos encontramos, en el inicio de la desescalada y con los riesgos que entraña el virus para la salud y la economía global, que precisa recuperar cuanto antes niveles de empleo y actividad razonables. Solo muy escasos países o territorios no se han visto afectados por el covid-19, ya sea por su carácter remoto, insular o escasa población.

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