Relaciones Internacionales – Comunicación Internacional

El mapa de conflictos 2015 y una mirada a O. Medio

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¿Cuáles son los principales conflictos y amenazas en el mundo de hoy?

A partir de una lista de más de mil focos de tensión en el planeta, el Center for Preventive Action del Council on Foreign Relations (CFR) de Nueva York elaboró una lista de los 30 conflictos más importantes y pidió a más de 2.200 expertos de la universidad, la administración, las fuerzas armadas, la diplomacia y la empresa que, como en años anteriores, los evaluasen y ordenasen jerárquicamente por su probabilidad de estallido violento en 2015 y por su impacto en los intereses de los EE.UU. y de sus principales aliados.

Los 30 conflictos se clasifican en tres niveles de prioridad (elevada I, moderada II y baja III), con diez conflictos en cada una, distinguiendo para cada caso tres grados (alto, medio o bajo) de riesgo en las dos variables que tienen en cuenta: probabilidad e impacto.

En el mapa en color rojo aparecerían las zonas de alta prioridad o riesgo, en naranja las de prioridad o riesgo moderado y en amarillo las de prioridad o riesgo bajo.

Cada año, desde 2010, analizo los resultados en mi introducción al Panorama Estratégico de Defensa de España. Estos fueron los de 2015:

  • the intensification of the conflict in Iraq
  • a large-scale attack on the U.S. homeland or ally
  • a cyberattack on U.S. critical infrastructure
  • a severe North Korean crisis
  • the renewed threat of Israeli military strikes against Iran
  • an armed confrontation in the South China Sea
  • the escalation of the Syrian civil war
  • rising violence and instability in Afghanistan
  • increased fighting in eastern Ukraine
  • heightened Israeli-Palestinian tensions

En el informe (Preventive Priorities Survey) de este año aparecen seis conflictos (contingencias según la terminología de CFR) que no aparecían en 2014 y dos de ellos –la posibilidad de que se intensifiquen los combates en Ucrania oriental y de que aumente la tensión en los territorios palestinos ocupados por Israel desde 1967- en la prioridad I, como Irak. Los siete restantes en la misma categoría son:

• el peligro de otro ataque terrorista masivo en territorio estadounidense o de algún aliado
• un ciberataque muy destructivo contra infraestructuras esenciales
• una grave crisis en Corea del Norte debido a provocaciones militares, inestabilidad interna o amenazas con armas nucleares y/o misiles intercontinentales
• nuevas amenazas de ataques aéreos israelíes contra Irán si se interrumpen las negociaciones o se descubren pruebas claras de que Irán intenta hacerse con capacidad militar nuclear
• una confrontación armada en el Mar del Sur de China entre China y uno o varios de los países que disputan la soberanía sobre dicha zona marítima
• la intensificación de la guerra de Siria si aumenta el apoyo externo a los beligerantes
• el aumento de la violencia y de la inestabilidad en Afganistán tras la retirada de la mayor parte de las fuerzas de la coalición si, como parece, las fuerzas afganas son incapaces de llenar el vacío dejado por ISAF; a comienzos de 2015 estaban sufriendo unas cien bajas por semana, cifras claramente insostenibles (desde 2001 hasta la retirada del grueso de la fuerza, a finales de 2014, habían muerto unos 3.500 soldados extranjeros) y el presidente Ghani, que había tomado posesión a finales de septiembre, seguía sin gobierno

Si algo nos enseña 2014 sobre la amenaza norcoreana –la nuclear y la cibernética, tras el supuesto ataque de Pyongyang a Sony–, en palabras de Christopher Hill, ex subsecretario de Estado estadounidense para Asia Oriental, es que no habrá avances sin la colaboración de China y que esta colaboración es imposible si no se atiende a la preocupación casi obsesiva –y con razón- de China por evitar como sea el desplome incontrolado del régimen norcoreano.

El segundo nivel de prioridad (II) lo encabeza Libia. Si se hiciera el mismo ejercicio entre mil o dos mil expertos españoles, es probable que Libia estuviera en la prioridad I y compitiendo por el primer puesto, tanto en impacto como en probabilidad, con Irak.

Los otros nueve conflictos incluidos en la misma prioridad II, con impacto y/o probabilidad moderados, son:

• la creciente inestabilidad y el aumento de los ataques terroristas en Egipto, cuyos tribunales condenaron a muerte en 2014 a miles de seguidores de los Hermanos Musulmanes, con su líder al frente
• estallidos de violencia en Jordania si se extiende dentro de sus fronteras la guerra de Siria
• aumento de la violencia sectaria y de la tensión política en Líbano por la misma causa
• intensificación de los ataques del Ejército y de los atentados de grupos como Tehrik-e-Taliban, responsable de la muerte de 132 estudiantes y de nueve profesores en diciembre en una escuela de Peshawar, el atentado más letal de los talibán pakistaníes dentro de su país
• el riesgo de un aumento de los enfrentamientos en Turquía entre grupos kurdos y el ejército motivados por la guerra de Siria
• la creciente desestabilización de la Península Arábiga si los Houthi consolidan su control sobre buena parte de Yemen y no se frena a la rama local de Al Qaeda
• con probabilidad baja pero, de producirse, con gravísimas consecuencias, en la prioridad II se incluye también una confrontación entre China y Japón por las islas Diaoyu/Senkaku
• en el mismo nivel de riesgo se sitúa la escalada del crimen organizado en México, que en 2014, con la matanza de los 43 estudiantes de Iguala, debilitó seriamente uno de los procesos de reformas más exitosos en muchos años en aquel país
• con alta probabilidad (como en otros muchos conflictos hace tiempo que es una realidad, no una probabilidad), pero de bajo impacto (al criterio del consumidor) cierra el decálogo de conflictos de prioridad II Nigeria, por la violencia de Boko Haram y por el riesgo de desestabilización en las elecciones generales de 2015

En la prioridad III, por último, se incluye:

• el aumento de la tensión política en China (minoría Uighur)
• escalada de la violencia sectaria en la República Centroafricana (RCA) entre los rebeldes Seleka y las milicias anti-balaka (citado muchas veces como posible escenario de nuevo genocidio)
• la intensificación de la violencia sectaria entre los budistas y los musulmanes Rohingyas de Myanmar (Birmania)
• la guerra civil de Sudán del Sur por las divisiones políticas y étnicas
• creciente inestabilidad política en Tailandia tras el golpe militar de 2014, que podría exacerbarse si coincide con una crisis sucesoria en la Casa Real
• la inestabilidad derivada del impacto económico y social del ébola en África Occidental
• nuevos choques militares entre India y Pakistán provocados por otro ataque terrorista masivo o un aumento de la violencia en Cachemira
• el riesgo de rebrote del conflicto militar entre Armenia y Azerbaiyán por Nagorno-Karabaj, uno de los conflictos dormidos y nunca resueltos de la ex URSS.

Si les parece, escuchamos un resumen de todo ello del director del informe, Paul Stares.

Visto este mapa desde España, sorprende que no aparezcan muchos otros focos de tensión y, por supuesto, la calificación de algunos de los que aparecen. Cómo ignorar los riesgos de la inevitable transición de Cuba o de otra sucesión en la Casa Real saudí, el pulso por la explotación del Ártico o la situación en Argelia tras el anuncio de la retirada definitiva de Buteflika de la presidencia. Mucho más importante: ¿cuál será el impacto del desplome de los precios del petróleo en aquellos exportadores sin suficientes reservas para poder hacer frente a la reducción drástica de sus ingresos?

Se pueden cuestionar muchas cosas de estos análisis. El talón de Aquiles o punto más débil es que las valoraciones de riesgo de la mayor parte de los observadores se basan en tres variables o criterios: el riesgo de intervención militar estadounidense-aliados, la proliferación y el terrorismo. La preocupación social y humanitaria de la población más afectada por estos conflictos aparece difuminada o, simplemente, no existe.

No es un defecto menor, pues, como vemos en el último informe global de tendencias del Foro Económico Mundial (WEF), las prioridades de los que deciden sobre la seguridad o viven de ella están a años luz de las del ciudadano de a pie.

Que el presidente estadounidense, Barck Obama, a pesar de las coincidencias galácticas que llegó a ver alguna ministra de José Luis Rodríguez Zapatero, no se haya dignado pisar España en seis años y que haya estado ya dos veces en la India  son una indicación de las prioridades actuales de Washington.

A pesar de todas las dificultades, la baza mayor del nuevo sistema internacional emergente tras la Guerra Fría es la disputa por la hegemonía en Asia-Pacífico y, en ese pulso, la realidad internacional de los últimos veinticinco años, sobre todo desde el 11-S, ha favorecido claramente a China. Con su acercamiento a la India y su renovación de las viejas alianzas (Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas, etc), los EE.UU. intentar frenar esa deriva.

El nuevo monarca saudí es uno de los miembros de la Casa Real de Riad que mejor conoce España. Gran amigo del rey Juan Carlos, sin su apoyo difícilmente habría conseguido nuestro país los contratos que ha conseguido en Arabia Saudí.

El cambio precipitado en la agenda del viaje de Obama a la India, sustituyendo su visita al Taj Majal del martes por una escala breve en Riad para rendir tributo al histórico aliado que acaba de estrenar monarca, es un reconocimiento del peso que siguen teniendo el primer exportador de petróleo del mundo y el Oriente Medio para Occidente.

Arabia Saudí se ha convertido en uno de los últimos baluartes de estabilidad del viejo orden de la región. La influencia saudí se ha intensificado en Irak, Egipto, Siria, Yemen, Libia y Bahrein… Su carrera por la hegemonía en el mundo musulmán desde la revolución de Jomeini en Irán, en 1979, se ha transformado, tras el vacío de autoridad en muchos países a raíz de la sacudida árabe y de los conflictos posteriores, en una guerra gría, por medio de terceros, por el control geopolítico. La diplomacia, los petrodólares y, en algunos casos, las fuerzas militares saudíes han sido decisivas en el golpe militar de Egipto, en la transición más o menos pacífica de Túnez, en la represión de la mayoría chií de Bahrein y en la guerra de Libia. En todos los casos, Riad ha apostado contra los Hermanos Musulmanes y contra las filiales de Al Qaeda.

Desde el primer día, Riad rechazó la estrategia de Bush hijo contra Sadam, su supuesta ofensiva democrática posterior y la permisividad con que Washington y el resto de las potencias occidentales respondieron a las mal llamadas primaveras árabes. En su posición Arabia Saudí ha concidido bastante con Israel, que nunca vio claro esas  primaveras, hoy, salvo en Túnez, fallidas.

“The Saudis are hard pressed to think of any country or collection of countries that can do what the United States can do,” said Jon B. Alterman, director of the Middle East program at the Center for Strategic and International Studies in Washington. “At the same time, they are worried that the United States’ intentions are changing at a time when they don’t have an alternative or even the structure to find an alternative.”

Yet Saudi Arabia is still managing to change the global economy at a crucial time by flooding oil markets, keeping oil output so high that it is aiding Mr. Obama on a number of fronts. By depressing oil prices, Saudi Arabia has given him a boost at home. The Saudis have helped Mr. Obama abroad as well, because those lowered prices help pressure Iran over its nuclear ambitions and Russia over its aggression in Ukraine. As a result, Obama administration officials are treading carefully as they navigate the Saudi succession.

On Saturday, President Obama decided to cut short his planned three-day trip to India and visit Saudi Arabia, where he will pay his respects upon the death of King Abdullah and meet with the king’s successor, White House officials said.

“The president certainly hopes, and we expect, that the strong relationship that exists between the United States and Saudi Arabia will endure under the leadership of the new king,” Josh Earnest, the White House press secretary, said Friday….

Lacking American support in key areas, Saudi Arabia is increasingly striking out on its own. Without the military means to sway events in Syria, and with Mr. Obama balking at forcibly removing Mr. al-Assad in Syria, Saudi Arabia used oil to try to influence Syria’s two main backers, Iran and Russia. As worldwide demand softened, Saudi Arabia continued pumping, even as prices tumbled to around $50 a barrel from more than $100.

To maintain its own social spending, including $130 billion in benefits designed to ensure domestic stability, the kingdom needs an oil price of $100. But given its foreign reserves of around $730 billion, it could hold out for a few years with lower prices, analysts say.

Saudi Arabia has not been drawn directly into the Arab uprisings in Tunisia, which is relatively stable, or Libya, although that may yet occur. Its main problem is next door in Yemen.

Militiamen from the Houthis, a Zaydi sect of Shiite Islam and traditional rulers of Yemen, have seized power. Seeing the Houthis as modeled on Hezbollah in Lebanon, Saudi Arabia had already cut off the $4 billion in annual aid to the pro-American government. The United States has seemed much more inclined to try to reach an agreement with the Houthis, at least on the fight against Al Qaeda

Egipto ha dejado de ser el bastión del sistema regional de Oriente Medio y la gran potencia árabe, su líder histórico, el gran mediador entre Israel y los palestinos, y el principal contrapeso militar de Irán en la zona. Sin los 20.000 millones de dólares recibidos de A. Saudí, difícilmente habría sobrevivido la junta cívico-militar que puso fin a la aventura de la Hermanos Musulmanes hace año y medio.

Siria, como Irak, son hoy países rotos, con el Estados Islámico controlando aproximadamente un tercio de cada uno. Los ataques áreos de la llamada coalición y la resistencia de los peshmergas kurdos y de algunas unidades del ejército iraquí han frenado su avance, pero no conozco a ningún dirigente occidental que crea posible derrotar a los yihadistas del EI, escisión de la Al Qaeda iraquí,  sin una acción militar y diplomática mucho más firme y mejor coordinada de las principales potencias regionales e interncionales. Acción que hoy no se prevé fácil ni rápida

Rusia, Irán y Hizbulá apoyan al presidente sirio,  Asad. Arabia Saudí y Turquía han intentado derribarlo y han fracasado.

Todos coinciden en su oposición al Estados Islámico, pero el Estados Islámico hace trece meses no representaba ninguna amenaza para nadie en la región y, gracias a la persecución de las tribus suníes iraquíes por el gobierno anterior de Bagdad y a la ayuda recibida de Turquía y de Arabia Saudí, el Estado  Islámico se ha convertido en una fuerza que ha destruido ya de hecho dos de los estados árabes más importantes -Siria e Irak- y que está extendiendo su influencia a Europa con atentados y al resto del mundo musulmán con su apoyo a otros grupos yihadistas.

EE.UU. y sus aliados occidentales necesitamos el apoyo tanto de Irán como de Arabia Saudí para frenar derrotar al Estado Islámico y cortar o, al menos, reducir sus tentáculos yihadistas, pero ¿cómo lograrlo si Irán y Arabia Saudí están enfrentados en múltiples frentes: el religioso, el diplomático, el económico y el militar?

En Europa y en los EE.UU. los servicios policiales y de espionaje estás en alerta máxima por miedo a nuevos atentados yihadistas  como los de enero en París y Bruselas, pero ignoramos las atrocidades que el Estados islámico y sus aliados suníes en Siria e Irak están cometiendo con la población chií desde la conquista de Mosul el pasado 10 de junio.

Arabia Saudí, con Israel el principal aliado estratégico de Occidente en Oriente Medio, por un lado financia a los suníes radicales en su guerra con los chiíes y por otro los considera enemigos dispuestos a acabar con la Casa de Saud. Israel siempre ha visto en Asad a uno de sus principales enemigos, pero prefiere a Asad y a Riad a Irán y al ISIS. Todos son enemigos, pero unos más que otros.

¿Los atentados que acabamos de sufrir en Europa son obra de lunáticos asesinos o parte de un movimiento político religioso-ideológico con aspiraciones geopolíticas?

¿Estos atentados son terrorismo o actos de guerra?

¿Son acciones de grupos aislados, desconectados de la realidad, o extensión de las guerras de Oriente Medio?

¿Hablamos de varias guerras o de una misma guerra con varios frentes?

Demasiados dobles raseros, alianzas contradictorias y visiones incompatibles. Para los millones de civiles de Oriente Medio que sufren en sus casas y en sus familias la violencia de unos de otros, tan peligrosos o amenazantes son las potencias extranjeras que bombardean desde el cielo, cada vez más con drones sin pilotos, o sus aliados locales en tierra como los llamados yihadistas, reconocidos como la principal pesadilla o amenaza actual -sobre todo los combatientes europeos que vuelven a casa- por las fuerzas de seguridad occidentales y de muchos países árabes.

¿Saben cuántos civiles han muerto sólo en Irak? ¿Y en Siria? Más de cien mil y más de doscientos mil, respectivamente.  ¿Alguien en Occidente ha pedido disculpas? ¿Alguien en Occidente ha reconocido alguna responsabilidad en la tragedia que viven hoy más de 11 millones de sirios que lo han perdido todo y malviven como refugiados dentro y fuera de Siria?

¿Cuántos en Occidente son conscientes de las docenas de revoluciones, golpes, guerras y acciones encubiertas impulsadas o ejecutadas directamente por nuestros soldados y agentes secretos en Oriente Próximo y Medio?

Desde la caída del Imperio Otoman0 Occidente lo ha intentado casi todo para mantener su control sobre la región:

-asegurando el control o acceso al petróleo y al gas

-asegurando el acceso a o control de las rutas marítimas de la región

-garantizando la seguridad y supervivencia de Israel

-impidiendo la expansión en la zona de otras grandes potencias: Rusia, la URSS, Irán, China….

Los EE.UU. en 2015 cuentan con más de 20 bases militares en seis países de la zona: Afganistán, Bahrein, Djibuti, Emiratos, Omán y Turquía. Tienen, además, desplegadas fuerzas en Egipto, Irak Qatar y Arabia Saudí.

Los EE.UU. financiaron y entrenaron a los muyahidin en Afganistán contra la URSS. Atizaron la guerra de Irak contra Irán en los ochenta. Invadieron Irak en 2003. Intentaron derribar a Asad en 2011. Y, con Obama, han multiplicado sus ataques cibernéticos y con drones, con numerosas bajas inocentes y enormes daños materiales, en la zona y en otras partes del planeta.

¿Quienes han sido atacados por el llamado terrorismo yihadista? En un noventa y nueve por ciento de los casos, musulmanes en países musulmanes. Claro que rara vez son noticia en nuestros lares. ¿Conocen de algún país occidental atacado por el mal llamado yihadismo terrorista  que no tenga fuerzas en Oriente Medio?

¿Alguno recuerda los mensajes que se repiten en las reclamaciones de responsabilidad por los atentados?

¿Alguien cree que se podrá acabar con el terrorismo de islamistas violentos sin poner a los abusos y excesos de Israel contra los palestinos y de las potencias occidentales y sus socios en Oriente Medio?

¿No va siendo hora de buscar nuevas formas de comportamiento, estrategias distintas de Occidente en esa parte del mundo?

Si no se ha hecho hasta ahora por la dependencia del petróleo  que de allí importamos, entramos en una nueva era del petróleo, con una reducción de esa dependencia, que debería permitirnos cambiar de política.

Si no se ha hecho hasta ahora por temor a debilitar a Israel, la autodestrucción y debilitamiento con ayuda exterior de los principales adversarios de Israel en Oriente Medio permiten a Occidente actuar de forma un poco más equilibrada y justa, por ejemplo, con los palestinos, que lo han perdido todo.

Si no se ha hecho hasta ahora por miedo a perder el control de las rutas marítimas próximas a Oriente Medio, la revolución tecnológica en los ejércitos, en los sistemas de armas, en las comunicaciones y la robótica que esas armas necesitan hoy día permiten un control mucho más eficaz de esas rutas sin necesidad de venderse a dictadores o autócratas como se ha hecho durante generaciones a cambio de bases militares o derechos de uso de sus espacios terrestre, aéreo o marítimo.

Si, como repiten hasta la saciedad nuestros gobernantes y sus gigantescos aparatos de propaganda, defendemos la democracia y las libertades, deberíamos empezar por respetar el derecho de otros pueblos a elegir a sus gobernantes sin injerencias externas, aunque a corto plazo esos gobernantes no sean nuestros mejores amigos.

 

 

 

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