Relaciones Internacionales – Comunicación Internacional

JFK in memoriam (22-11-2013)

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Who killed JFK 50 years ago?

¿Quién mató a JFK?

Who was JFK and what is his legacy?

¿Quién fue JFK y cuál es su legado?

What if JFK had not been killed?

¿Y si JFK no hubiese sido asesinado?

What impact did his death have?

Consecuencias de su muerte

Why we still talk about JFK?

¿Por qué seguimos hablando de JFK?

Zapruder Film Slow Motion

What Does the Zapruder Film Really Tell Us? | History – Smithsonian www.smithsonianmag.com/…/What-Does-the-ZapruTraducir esta página Documentary filmmaker Errol Morris deconstructs the most famous 26 seconds in film history. 

 JOHN F. KENNEDY

PRESIDENTIAL LIBRARY AND MUSEUM

Schedule of CBSNew.com’s livestream of JFK assassination coverage

Here’s a log of what you’ll be seeing in CBSNews.com’s livestream of CBS News’ historic 1963 coverage of the JFK assassination beginning at 1:38 p.m. ET on Friday, Nov. 22. The webcast will run in real time for four days from 1:40 p.m. to 11 p.m. on Nov. 22; from 9 a.m. to 11:01 pm. on Sat., Nov. 23; from  9 a.m. to 11:20 p.m. on Nov. 24; and from 8 a.m. to 11:36 p.m. on Mon., Nov. 25.

All times are in Eastern Daylight Time

The stream will be live here

http://www.cbsnews.com/videos/jfk-assassination/

Video highlights of the 4-day coverage will be here

http://www.cbsnews.com/feature/jfk-assassination/

NOVEMBER 22, 1963

1:38: Bob Schieffer introduces 4-day coverage of 1963 network coverage livestream

1:40 BULLETIN: Cronkite: President Kennedy shot in Dallas

1:43 Cronkite: JFK and Gov. John Connally have been shot, condition not yet known

2:07 Eddie Barker: President still alive, do not know if assassin has been captured

2:11 Barker: Secret service agent has been killed, Kennedy is in Parkland Hospital on first floor

2:12 Barker: Recalls assassinations of Lincoln, Garfield, and McKinley

2:13 Cronkite: Blood transfusions have been given to Kennedy, priests have been called

2:15 Cronkite: Stock exchange prices plunge

2:17 Cronkite: Assassination took place on Elm and Houston streets, word from Parkland doctor is that president is dead, still unofficial

2:24 Cronkite: Father Huber has administered last rights

2:27 Dan Rather: “He is dead,” still not official, no word on Johnson

2:28 Cronkite: Mrs. Johnson says LBJ is fine

2:38 Cronkite: President Kennedy announced dead, died ½ hour after being shot — “He is dead. He died some 38 minutes ago,” Cronkite chokes up

2:43 Cronkite: Still searching for a white man, 30-years-old, 30-30 rifle

2:47: Charles Collingwood takes over for Cronkite

2:55 Collingwood: “CBS News will stay on the air live…”

3:21 recap: Kennedy was killed by 7.65 Mauser… MORE

Wreath Laying Ceremony in Honor of President John F. Kennedy November 20, 2013

Diez luces y sombras del presidente Kennedy

Felipe Sahagún

“Don’t let it be forgot/ That once there was a spot/ For one brief shining moment/That was known as Camelot”  -Versos de Alan Jay Lerner (1960) citados por Jacqueline Kennedy en recuerdo de la presidencia de su esposo.

Ningún análisis, por riguroso que sea, resume mejor el significado, la magia, la leyenda y el mito arraigados en la cultura estadounidense del último medio siglo al recordar al 35º presidente: el primero nacido en el siglo XX, el primer católico que llegó a la Casa Blanca y el primero que nombró a un hermano, Robert, secretario de su Gabinete.

Bajando de las musas al teatro, podemos resumir en los diez puntos siguientes lo mejor y lo peor, las luces y sombras, de su presidencia:

Cuerpo de Paz:Aunque el primer proyecto legislativo de un Cuerpo de Paz lo presentó el senador Hubert Humphrey en 1957, Kennedy lo hizo suyo, lo defendió en la campaña y, el 1 de marzo de 1961, en una de las primeras órdenes ejecutivas que firmó, cumplió su promesa…

Bahía de Cochinos: “¡Cómo pude ser tan estúpido!”, dijo de sí mismo JFK tras el fiasco. “Fue un error garrafal”.  El 17 de abril de 1961 una fuerza de unos 1.500 exiliados cubanos entrenada por la CIA, la Brigada 2506, desembarcó en el sur de Cuba con el propósito de provocar una rebelión popular contra el nuevo régimen revolucionario y restablecer la influencia estadounidense en la isla caribeña. Kennedy se fió de la CIA y aprobó el plan, heredado de la Administración Eisenhower, pero negó apoyo directo del Pentágono y cobertura aérea. Las fuerzas de Fidel Castro les estaban esperando, mataron a más de cien e hicieron prisioneros a los demás. El desastre condicionó el resto de su presidencia…

Alianza para el Progreso: Plan de ayuda a las repúblicas del continente americano anunciado el 20 de enero de 1961 en su toma de posesión “contra la agresión y la subversión en cualquier parte de las Américas”….

Muro de Berlín: Tras el fracaso de tres años de propuestas de la URSS y de los aliados occidentales sobre el futuro de Alemania, el 13 de agosto de 1961 tropas y obreros estealemanes empezaron a levantar una barrera –primero de alambrada y luego de hormigón- para poner fin a la fuga desde la RDA a la RFA: unos 2,5 millones en los diez años anteriores… artículo completo en

JFK 50 años. Especial El Mundo: el asesinato, el político, el mito

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20 Photos

The Kennedy Years: The photos of Jacques Lowe

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The Foreign Policy Legacy of President Kennedy

Experts analyzed on May 23, 2011 for the Council on Foreign Relations (CFR) President John F. Kennedy’s foreign policies, including those pertaining to the Soviet Union, and reviewed the lasting implications of his first year in office.

SPEAKERS:
Frederick S. Kempe, President and Chief Executive Officer, Atlantic Council; Author, Berlin 1961: Kennedy, Khrushchev, and the Most Dangerous Place on Earth
Richard Reeves, Senior Lecturer, Annenberg School for Communication and Journalism, University of Southern California; Author, President Kennedy: Profile of Power
PRESIDER:
Alan Brinkley, Allan Nevins Professor of American History, Columbia University

Una Presidencia para la Historia

Felipe Sahagún

John Fitgerald Kennedy. Discursos (1960-1963)

Autor: Salvador Rus Rufino (Tecnos 2013)

¿Fue John F. Kennedy (J.F.K.), como afirma Eric Hobsbawm en su Historia del Siglo XX (p. 246) “el presidente más sobrevalorado” del siglo pasado? ¿Fue víctima de un lunático solitario, como concluyó la Comisión Warren, o de una conspiración, como insinuaron los investigadores de la Cámara de Representantes en los setenta, sospecha compartida, entre otros muchos, por su sucesor, el presidente Lyndon B. Johnson (L.B.J.), compartida hace unos días por el actual secretario de Estado, John Kerry?

En el agregado de las 17 encuestas de valoración más importantes de presidentes estadounidenses, John F. Kennedy ocupa el undécimo lugar, pero en algunas de ellas (Gallup 2000, por ejemplo) logra la primera posición y en otras aparece entre los cinco mejores.

En sus memorias (Memorias de un reportero, 1996, p. 303), el periodista de televisión más respetado y valorado de los EE.UU., Walter Cronkite, recoge esta respuesta de Johnson en una entrevista que le hizo poco después del magnicidio: “Francamente no puedo afirmar que jamás haya dejado de lado la posibilidad de que hubiera una conexión internacional. No he llegado a descartarlo”.

“Siempre asumí que las sospechas de conspiración de Johnson se basaban en el hecho de que por aquel entonces sabía algo que ni el público ni, lo que es más importante, la Comisión Warren, que investigó el asesinato, sabían: que la CIA había planeado el asesinato de Fidel Castro, ofreciendo así un motivo para una conspiración cubana contra Kennedy”.

En su perfil de J.F.K., editado por Tecnos, Salvador Rus Rufino, profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad de León, evita los inagotables debates sobre ranking y conspiraciones para concentrarse en la vida, la obra y los discursos del trigésimo quinto presidente de los EE.UU., el primero nacido en el siglo XX y el primer –y, por ahora, único- católico que ha ocupado el despacho oval.

La obra (278 págs) consta de dos partes –un ensayo biográfico de 42 páginas y 22 discursos pronunciados por J.F.K. entre el 15 de julio de 1960, aceptando su nombramiento como candidato demócrata a la presidencia, y el 22 de noviembre de 1963, uno de los dos que no llegó a pronunciar en Texas el día que fue asesinado: una síntesis de sus 1.032 días en la Casa Blanca con la que pretendía lanzar, con casi un año de anticipación, su campaña de reelección de 1964.

El texto se completa y enriquece con 39 imágenes de los momentos más significativos de la vida de Kennedy, una breve cronología que facilita la comprensión del conjunto, una presentación del ministro de Educación, José Ignacio Wert, y un prólogo de Antonio Garrigues Walker. 

Wert adelanta ya en su primer párrafo una de las claves esenciales que distinguen a J.F.K. de la mayor parte de los políticos. “Si cincuenta años después de su muerte seguimos hablando de él, es porque estamos ante la persistente huella de un estilo y la duradera añoranza de lo que no llegó a ser”, escribe.

“El kennedismo es eso: el resplandor inextinguible de un Camelot –donde, como en el original artúrico, lo inventado ocupa mucho más espacio que lo sucedido- que ni la usura del tiempo ni las zonas de sombra que se han ido arrojando sobre su vida y su obra logran apagar”, añade. (p. 11)…  leer el artículo completo en EL CULTURAL (22-11-2013)

Creemos que no debéis perderos El Cultural de mañana. Ficción y no ficción sobre John F. Kennedy

JFK, ayer y hoy

Felipe Sahagún

(Notas para mi presentación del libro en Casa de América)

Asistimos desde hace semanas en los EE.UU. –aunque menos, también en Europa- a un diluvio de libros, artículos y programas de televisión sobre John F. Kennedy con motivo del 50 aniversario.

En el Christian Science Monitor destacan, entre las novedades, JFK en el Senado, de John Shaw; Los últimos cien días de JFK, de Thurston Clarke; y La Corte de Camelot, de Robert Dallek, autor de una de las mejores semblanzas o biografías de Kennedy.

Perdido para la mayoría, me ha llamado la atención uno sobre todo, The Letters of Arthur Schlesinger, Jr, consejero de Kennedy, en particular una de las cartas a su padre, académico como el hijo, fechada el 12 de agoto de 1962. En ella cuenta que el presidente había leído una encuesta realizada por Schlesinger Sr entre 75 historiadores, a quienes pidió que evaluaran y calificaran el trabajo de los 34 presidentes anteriores a Kennedy.

Al comprobar lo bien parados que quedaban Wilson y Teddy Roosevelt, Kennedy expresó su sorpresa. “No entiendo la buena nota que recibe Wilson tras su desastres con México, con la entrada en la 1ª GM y con la Liga de Naciones”, le dijo a Schlesinger hijo. “Ni la de TR, que habló mucho, pero hizo poco”.

 A Kennedy le parecían mucho mejores presidentes peor calificados en aquella encuesta, como Polk, el undécimo (mediados del siglo XIX), y Truman, por su dirección del final de la segunda guerra mundial y por la construcción del nuevo orden internacional tras la guerra.

“Resulta irónico cómo esas palabras anticipan una de las principales críticas que se han hecho de la presidencia Kennedy: que habló demasiado –y muy bien-, pero consiguió pocas cosas”, escribe Jeff Shesol el 4 de noviembre en The New Yorker.

Deténganse unos minutos en el último, el vigésimo segundo, de los discursos de Kennedy recogidos por Salvador Rus Rufino, profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la universidad de León, en su libro –John Fitgerald Kennedy. Discursos (1960-1963). Una presidencia para la Historia– y comprobarán lo acertado que estaba Schlesinger.

 En ese discurso, que no llegó a pronunciar, pues murió pocas horas antes de la hora prevista para leerlo, Kennedy deja claro lo que piensa sobre la retórica y la realidad, las palabras y los hechos.

Por encima de todo, las palabras por sí solas no son suficiente… Si somos débiles, las palabras no serán de ninguna ayuda… Me doy cuenta de que esta nación a menudo tiende a identificar los puntos de inflexión en los asuntos mundiales con los importantes discursos que los precedieron…

Algo que explica con detalle Schlesinger en esas cartas y que, para los muchos admiradores de la retórica y los discursos de Kennedy, puede resultar novedoso es que no  era un buen orador. Se hizo buen orador igual que se hizo buen político: a base de esfuerzo, con enormes sacrificios y la ayuda de excelentes consejeros y redactores de discursos.

Sus propios plumillas se tiraban de los pelos al comienzo de su carrera política al ver cómo destrozaba, sin alma, sus obras de arte. Aprendió, practicó, leyó y escuchó horas y horas a Churchill, contrató a un entrenador y devoró los textos seleccionados por Schlesinger, subrayando y haciendo suyas numerosas citas de esos textos: casi todos de los grandes clásicos.

No se puede comparar la oratoria de un presidente con la de otro, pues está condicionada en gran medida por los ciclos de la noticia, por el vértigo informativo, y nada tiene que ver el de Kennedy con los de Clinton u Obama. En un solo año, por ejemplo el 94, los discursos de Clinton ocupan 2.159  páginas. Los de 1962 de Kennedy caben en un volumen de 903 páginas sin contar apéndices ni índice.

Como periodista en ejercicio durante 40 años y profesor universitario durante 33, no honraría a mi doble profesión sin una referencia a lo que la muerte de Kennedy significó para el periodismo y a la imagen de Kennedy transmitida desde su muerte en los libros de texto.

Si para la nación y la opinión pública estadounidense la muerte de Kennedy se identifica con el fin del optimismo, para los medios informativos representa el principio de una nueva era: la del flash, el urgente, el directo en los momentos decisivos.

¿Cuántos de ustedes recuerdan cómo se informó? Media hora tardaron en empezar a emitir en directo las principales cadenas. Al principio, con voces en off que se limitaban a leer teletipos y a comentarlos. Luego, Cronkite en camisa blanca y corbata, sentado ante una mesa, leyendo los teletipos que le iban pasando sus redactores de la CBS, quitándose y poniéndose las gafas, nervioso, sin poder contener las lágrimas.

La cinta Zapruder –la película sin sonido en que, por casualidad, quedó grabado el magnicidio- no vio la luz, en la cadena ABC, hasta 1975.

¿Se imaginan cómo se informaría hoy de una tragedia similar? En mi libro De Gutenberg a Internet. La sociedad internacional de la información adelantaba a mediados de los noventa una respuesta:

Si la crisis de misiles tuviera lugar hoy, un satélite comercial podría descubrir los misiles casi al mismo tiempo que la CIA. La noticia posiblemente se filtraría por cualquier de las televisiones globales en cuestión de horas (hoy habría escrito segundos por la fuerza de las redes sociales y los móviles). Los inventores de chismes que pueblan internet engordarían la noticia sin pudor. Los senadores y congresistas, aliados y pseudoaliados, pedirían una explicación y una respuesta inmediata. Tal precipitación -por lo que sabemos hoy- habría aumentado considerablemente el riesgo de una confrontación nuclear. En el mundo audiovisual prehistórico en que todo aquello sucedió, sin embargo, Kennedy tuvo dos semanas para prepararse y preparar a la opinión pública antes de dar luz verde a la cuarentena  y al ultimátum. (p. 252)

El Kennedy que estudian ahora los estudiantes en la High School y en la universidad tiene poco que ver con el que yo estudié en la High School de Elkhorn, pueblo del sur de Wisconsin, en 1970-71. Aquel era un héroe trágico, al que tres balas segaron una presidencia regeneradora, revitalizadora de la posición, misión y visión de los EE.UU. en su isla continental y en el mundo.

Foto Presentación Libro

Con Antonio Garrigues Walker, en el centro, y el autor del libro, Salvador Rus Rufino, a su izquierda.

Hoy, tras una revisión académica de los principales manuales de historia más populares en la enseñanza media y superior estadounidense, veintitantos textos, vence con gran diferencia la imagen más negativa, a pesar de los esfuerzos de Obama por recuperar la positiva de los años 60 y 70.

La positiva nos muestra al presidente que resistió la presión de sus generales para invadir y bombardear Cuba, sembró las semillas de la gran reforma legal de los derechos civiles del 64, fijó las bases de la carrera espacial, transformó las relaciones con América Latina, aseguró la libertad de los berlineses occidentales, limitó la intervención estadounidense en Vietnam, firmó el primer acuerdo de control de las armas nucleares prohibiendo las pruebas en la atmósfera, impulsó la ciencia, la educación y la innovación, multiplicó la ayuda y la cooperación al desarrollo, promovió con firmeza el derecho internacional, apoyó a la ONU y cambió para bien la forma de hacer política.

La negativa presenta a un presidente débil y errático en Bahía de Cochinos, ignorante de la realidad vietnamita, sin el menor reparo para bendecir el golpe de Diem o la campaña para el asesinato de Fidel Castro, pasivo y reactivo en los derechos humanos, muy lento en su respuesta a la construcción del muro de Berlín, bipolar y contradictorio en muchas de sus decisiones, y, en la segunda mitad de su mandato, converso al desequilibrio presupuestario que, salvo en cuatro años desde entonces (3 de ellos con Clinton), han continuado sus sucesores en escalada imparable hasta los casi 17 billones de dólares de deuda en 2013. (Mis palabras en la presentación del libro del Prof. Salvador Rus el 13 de noviembre de 2013 en la Casa de América de Madrid)

In the middle of a week devoted to remembrances of President John F. Kennedy and his administration, we thought it useful to focus again on the man at the heart of the Kennedy assassination.

The original senior producers for Who Was Lee Harvey Oswald? were Bill Cran and Mike Sullivan. Their investigation was more than a year in the making. Mike, to whom this broadcast is dedicated, sadly passed away earlier this year, but Bill is still making documentaries for FRONTLINE, and he took on the task of revisiting the original three-hour film to turn it into the two-hour version that you will see tonight.

While much of Oswald’s early life and his later experiences are now known, his motives may have died with him when Jack Ruby killed him shortly after the assassination. Was there a larger conspiracy? There is no shortage of theories and speculation. We report what we do know based on the best evidence that was available and that evidence has held up remarkably well over the years. 

But one part of the story that has become clear more recently is newly published material showing that the CIA and the FBI may have known a lot more about Oswald than was previously disclosed. The CIA still insists that some of its files regarding Oswald not be released until 2017.

Stay tuned — and in the meantime, be sure to check out “8 Things You May Not Know About Lee Harvey Oswald,” our new digital feature about the mysterious gunman.

JFK, desmitificado

Repasamos lo mejor de la bibliografía dedicada a Kennedy

Felipe SAHAGÚN | Publicado el 20/11/2003 |  Ver el número en PDF

Los 1.037 días de la Administración Kennedy fueron “una amalgama de errores, pasos en falso y fogonazos deslumbrantes”, escribió Walter Lippmann . “Existe el peligro de que su grandeza se convierta en leyenda”, advirtió su primer biógrafo, Theodore Sorensen. “Sería una lástima, pues Kennedy, el hombre mortal, fue un constante crítico de todos los mitos”… seguir leyendo

http://youtu.be/tho5ZYLiuoc

(Film uploaded by truesemite on Oct 3, 2011)

Los trece días más peligrosos de la Guerra Fría

FELIPE SAHAGUN

Doce años después de los atentados del 11-S, empantanados todavía en las guerras de Irak y Afganistán, nada más ilustrativo, para comprender los riesgos de la Posguerra Fría, que repasar los días de 1962 en que estuvo a punto de estallar la Tercera Guerra Mundial. Las maniobras diplomáticas y de disuasión de Washington y de Moscú evitaron entonces que el mundo se enzarzara en una guerra nuclear.

Nunca estuvo tan cerca. Esa es la historia que cuenta Trece días, cuyos protagonistas fueron Kennedy y Krushchev. Los protagonistas en el siglo XXI serían los dirigentes de las potencias nucleares y, probablemente, terroristas como Osama Bin Laden dispuestos a todo si un día se hacen con el arma nuclear.

Kevin Costner borda el papel de Kenneth O’Donnell, asesor político y amigo personal del presidente JFK. Bruce Greenwood y Steven Culp mejoran todas las interpretaciones realizadas hasta hoy de los hermanos John y Robert Kennedy, incluido el drama de televisión Misiles de octubre con la más que digna actuación de William Devane en la piel del presidente.

Los interiores, casi todos filmados en Los Ángeles, respetan escrupulosamente la Casa Blanca de 1962. Los exteriores, rodados en Filipinas y en la costa de Nueva Inglaterra, podían haberse filmado en Cuba, pero sirven perfectamente. Los hongos nucleares, que se repiten en tres o cuatro ocasiones a modo de ráfagas de separación, son de las pocas concesiones al sensacionalismo y sobran algunas escenas melodramáticas de la familia de O’Donnell.

A pesar de todo, para un Hollywood sediento de asteroides amenazantes para la Tierra, satanes de mil colores y dinosaurios dilapidadores de seres humanos, Trece días es un modelo de mesura si pensamos en lo cerca que estuvo el mundo del holocausto atómico.

El guionista principal, David Self, aprovecha magníficamente las 100 horas de recuerdos grabados por Kenneth O’Donnell antes de su muerte, en 1977. Sin la ayuda de Kevin, hijo de O’Donnell y desde 1999 copropietario de Beacon Pictures, productora de la película, no habría tenido acceso a las cintas y Trece días, tal como llegó a las pantallas en el año 2000, habría sido imposible.

Sin Kevin y las cintas de su padre, el resultado habría sido otro Titanic, historia de amor incluida, como aparece en los primeros bocetos de los productores Peter Almond y Armyan Bernstein ya en 1995, pero nos habríamos perdido la obra de 80 millones de dólares en que se describe en 145 minutos los 13 días y las 13 noches en que el mundo ha estado más cerca de una guerra nuclear.

Antes del 11-S

Almond, Bernstein, Self y Costner pasaron por tres estudios, ocho directores, entre ellos Coppola y Spielberg, flirteos con Ted Turner, amagos para hacer del gran periodista Dan Rather un actor y un sinfín de pruebas para encontrar a los mejores intérpretes de los hermanos Kennedy antes de empezar el rodaje.

Hollywood, antes del 11 de Septiembre, tenía poca fe en los dramas históricos. Hoy, posiblemente, lo hubieran tenido más fácil porque el 11-S recuperó Pearl Harbor y la crisis de los misiles de Cuba de los libros de Historia, y los actualizó como precedentes de estudio obligado para comprender mejor lo que Bin Laden y sus miles de imitadores nos tienen preparado.

Bernstein, licenciado en Historia por Wisconsin, llevaba años fascinado por la crisis de los misiles. Conocía el libro de Graham T. Allison, Essence of decision, investigación pionera sobre el modelo burocrático en los estudios de política exterior a partir de la crisis de 1962: «Las maniobras de los aparatos que informan y aconsejan a los dirigentes y que llevan a cabo su propia estrategia», en palabras del gran maestro francés de las relaciones internacionales Marcel Merle. De ahí a afirmar que los generales amenazaron a JFK con un golpe militar hay un gran trecho.

Lo difícil era contar la historia sin caer en otro culebrón de Camelot. Las cintas de O’Donnell le dieron la respuesta. El irlandés Kenny, compañero de habitación de Robert en Harvard y jefe de las campañas de John al Senado y a la Presidencia, nunca tuvo en la vida real la influencia que tiene en la película.

Es la primera distorsión y la más repetida cuando contrastamos Trece días con lo que hoy sabemos sobre la crisis gracias a los archivos de la Seguridad Nacional y del KGB, y a los textos de Fursenko y Naftali, James Blight, Michael Beschloss, Ernest May-Philip Zelikov (The Kennedy Tapes…) y otros.

Un profano sale convencido de que JFK jamás se habría atrevido a anunciar el bloqueo de Cuba por televisión, RFK nunca habría cerrado el acuerdo con el embajador Anatoly Dobrynin y Adlai Stevenson no habría tenido agallas para poner en evidencia las mentiras soviéticas ante el Consejo de Seguridad de la ONU sin los sabios consejos y silbidos del cobra Kenny.

En la antesala

Serían mentirijillas, pecados veniales, si O’Donnell hubiera estado realmente en las reuniones y actuado como asesor. No es el caso. Los que decidieron la oferta final a Nikita Krushchev por medio de Dobrynin fueron, junto a los Kennedy, Dean Rusk, Robert McNamara, George Ball, Roswell Gilpatrick, Llewellyn Thompson, McGregor Bundy y Theodore Sorensen. O’Donnell estuvo siempre cerca, pero en la antesala. «Kenny fue un ser admirable, pero no tuvo nada que ver con la crisis de los misiles», dijo Arthur Schlesinger hijo, historiador de los Kennedy, al Boston Globe después de ver la película.

Theodore Sorensen, alter ego y, según casi todos los estudiosos de la Casa Blanca, el principal consejero del presidente después de Robert Kennedy, es más benevolente. «Kenny no jugó el papel que se le atribuye en la película… pero, teniendo en cuenta la relación de su hijo Kevin con el filme, es comprensible», declaró al Washington Post el 3 de febrero de 2001. «No me atrevo a criticarlo porque las cuestiones principales de la crisis están planteadas correctamente y quiero que los jóvenes vayan a ver la película y se enteren de cómo John F. Kennedy salvó al mundo».

La película está muy bien como provocación y sus diálogos son un pozo de reflexiones políticas, filosóficas y humanas interesantes, pero como fuente para saber realmente quién y cómo salvó al mundo de una guerra nuclear en 1962 deja bastante que desear.

Para empezar, Cuba y la URSS no aparecen en el filme. Nada se dice de los planes estadounidenses para asesinar a Fidel Castro y para invadir de nuevo la isla tras el desastre de Bahía de Cochinos. No se puede entender la aprobación del despliegue de misiles soviéticos en territorio cubano por Fidel sin tener en cuenta la omnipresente amenaza estadounidense contra Cuba.

El mismo Robert McNamara, secretario de Defensa en la Administración Kennedy, reconocía en 1989 las operaciones encubiertas para liquidar el régimen castrista. Para Philip Brenner, profesor de relaciones internacionales de la American University y autor de varios libros sobre el enfrentamiento entre EEUU y Cuba, «el principal error de la película es esta visión parcial de los hechos».

Misiles Júpiter

No es el único error. Igual o más importante es el silencio sobre la instalación de los misiles Júpiter por EEUU en Turquía y en Italia en 1959. Los Júpiter se activaron en abril de 1962, cinco meses antes de la crisis de octubre. No hace falta leer las memorias de Krushchev para saber la presión a la que estuvo sometido el dirigente soviético por sus generales para equilibrar la ecuación nuclear. Cuba fue su respuesta.

Los principales críticos han hecho un flaco servicio a la verdad. Elvis Mitchell califica de «competente y exacta» la versión de la crisis en el New York Times. Lo sería sólo si nos olvidamos de los planes de invasión de Cuba, de los Júpiter y de la escalada militar estadounidense en respuesta a una inventada superioridad soviética.

Stephen Hunter asegura en el Washington Post que Trece días explica «bastante bien por qué el mundo no se terminó en 1962». Si desea saber realmente por qué el mundo o, al menos, muchos millones de seres humanos no perecieron en una guerra nuclear en 1962, le aconsejo que, tras disfrutar de la película, se conecte a la dirección www.gwu.edu/ de Internet, y consulte los archivos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en cuba_mis_cri/declass.html.

Descubrirá, en primer lugar, que la crisis de octubre no fue un episodio aislado, producto de los malignos comunistas soviéticos, sino la culminación de unas relaciones que se fueron deteriorando durante años entre EEUU y la URSS y entre EEUU y Cuba. Aprenderá que la confrontación no empezó el 16 de octubre ni terminó el 28 de octubre. Se inició años antes y terminó con la caída del Muro de Berlín, en 1989.

Y una última lección, que parece olvidada también tras el 11-S: si el mundo está lleno de dirigentes dispuestos a sacrificarlo todo por defender la seguridad nacional de sus países y/o de sus pueblos, la paz no se conseguirá asesinándolos o derrocando sus regímenes, sino respetando la seguridad de los demás.

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