Relaciones Internacionales – Comunicación Internacional

Manu en el corazón

| 0 Comentarios

manu y felipe

Con Manu, en el jardín de su refugio de Brihuega.

Manu en el corazón

FELIPE SAHAGÚN

El Mundo, 24/01/2014 (p. 24)

Hace más de 30 años torturé a Manu obligándole a leer más de mil páginas sobre los corresponsales españoles en el extranjero desde que existe la imprenta –mi tesis doctoral– y le pedí que me escribiera el prólogo.

En los diez folios que me envió está contado casi todo: el privilegio que fue (como decía Oriana Fallaci cuando todavía palpitaba en ella un corazón de izquierdas) viajar al extranjero durante la dictadura, en la que casi ningún español podía hacerlo salvo como emigrante, exiliado o refugiado; la suerte de que, por hacer algo que nos gustaba, encima nos pagaran; la adrenalina que produce el ver con tus propios ojos la guerra o la tragedia; la posibilidad de contarlo, excepcionalmente en primera página; la devaluación que lo internacional sufrió en la Transición cuando nos jugábamos algo mucho más importante aquí en casa: la libertad; la esclavitud del transistor de onda corta, siempre pendientes de la BBC; en ocasiones el morbo o, como decía Dominguín, la droga del miedo; mucho más que el miedo a morir, lo que quema y destruye al enviado especial es el estrés de lo secundario: el teletipo, el teléfono o internet cuando dejan de funcionar; las mentiras de los gobernantes y sus voceros, los hoteles inmundos y carísimos, la miseria que padecen centenares o miles de millones de seres humanos.

Hay que ser, insistía Manu, hipocondríaco, sarcástico, jeremiaco y masoca para sumarse a este club de soñadores, ambiciosos, solitarios y faltos de cariño.

A él nunca se lo dije, pero siempre he pensado que Manu, como el mordaz González Ruano, sobrevivió a su larga travesía por ese infierno maravilloso del enviado especial refugiándose en la tierra (el paseo, la caza, la partida…), en los amigos, en el gran reportaje de prensa y de televisión y, principalmente, en los libros.

Desde niño se empapó de historias de guerras en las revistas de su padre. En cuanto pudo, empezó a viajar porque, como decía citando a Freud, «uno viaja para escapar del padre». En sus viajes encontró una especie de terapia, tiempo para re- flexionar y un mundo por descubrir. Por encima de todas las carreras, en los viajes y en el periodismo descubrió, como los mejores de la tribu, según sus propias palabras, «una conjunción irresistible».

Desde El camino más corto, su primer libro, hasta mis últimas conversaciones con él, en su casa de Brihuega, vigilados de cerca por la celosa gata Muki, Manu es para muchos de nosotros una especie de hermano mayor que se fue pronto de casa, pero que nunca dejó de escribirnos y siempre acabó regresando con los suyos. Ya sé que escribió para todos, pero lo hizo con un estilo tan personal y atractivo que cada uno recibimos sus palabras como si estuvieran escritas sólo para nosotros.

Supongo que tiene que ver con los personajes que eligió, con la riqueza de las anécdotas, con la huella de los testimonios, sus héroes y sus villanos, tantos rostros inolvidables, tantos recuerdos que alumbran el presente y tantas historias lejanas que parecen, de su mano, sucesos de esta tarde. Todo entrelazado, sin rupturas, con un humor dulce, un tanto socarrón, y el escepticismo de los mejores periodistas: ni cínico ni creyente, siempre buscando, siempre expectante, documentando cada página, cada entrevista y cada libro con una paciencia y una capacidad de sacrificio excepcionales. Afortunadamente, la profesión y la sociedad lo reconocieron concediéndole todos los premios importantes.

Nueve de cada diez periodistas –seguro que me quedo corto– viajan, escriben y hablan en periódicos, radio, televisión o internet de lo que hacen y, sobre todo, de lo que dicen los poderosos. Manu, como los mejores, se pasó medio siglo cubriendo lo que hacen y dicen, sobre todo, las víctimas, los débiles.

Hay pocos dictadores, tiranos y genocidas que no haya retratado, pero jamás se dejó tentar por las limusinas o por los despachos con los que los poderosos premian a los periodistas serviles. Su despacho, su bandera y su ideología estuvieron siempre en las carreteras y caminos polvorientos de los terceros y cuartos mundos del norte y, sobre todo, del sur.

Gracias a él, leyendo aunque sólo sea un poco de lo mucho que ha escrito (47 libros, según mis cuentas), en este mundo cada vez más peligroso y desigual, es fácil distinguir a los buenos y a los malos, a los cuerdos y a los locos. En sus primaveras del este, en sus tribus y en sus volcanes, en sus dioses y en sus demonios, en el apocalipsis de Mao y en tantas batallas del siglo XX por él contadas aprendimos lo que no suele aparecer en los mejores manuales de relaciones internacionales.

Quiero creer, aunque me cueste, que para los millones de ángeles perdidos, para todos los niños destrozados en vida mucho antes de perder el cuerpo por las guerras y sus secuelas, a quienes dedicó el premio Espasa de Ensayo de 1996, mientras exista algún Manu Leguineche queda alguna esperanza.

Fue uno de los mejores y, seguramente, el más modesto discípulo de la generación del Norte de Castilla de Delibes, su segundo padre, su punto de referencia, la persona de la que se acordó siempre que tuvo algún problema grave. La armonía que Delibes encontró en la tierra de campos vallisoletana, Manu la descubrió en la Alcarria de su gran amigo Camilo José Cela. En la escopeta, el perro y el amanecer donde Delibes redescubrió el génesis tantas madrugadas, Manu se reconcilió con lo que más quería: la tierra y sus gentes, el equilibrio, tan raro, entre el ser humano y la naturaleza.

Nunca fue hombre de muchos consejos, aunque siempre tuvo cerca a periodistas que se los reclamaban: los amigos enamorados echados de sus casas por señoras cabreadas, los frustrados por fracasos profesionales, los soñadores y emuladores que necesitaban estar cerca de él como si de un cargador de energía humana se tratara, antes de salir hacia el aeropuerto, camino del siguiente reportaje, de la siguiente guerra: Jesús Picatoste, Juan González Yuste, Luis Garmat…

Autodidacta, vasco universal, alcarreño de corazón, independiente pero nunca neutral, solitario del que todos querían ser amigos… «Siempre quedan flecos, países por conocer y tragedias sin contar», repetía, postrado en su lecho como viejo león herido en palabras de su hermano Vicente Romero, a un amigo común en el reportaje más bonito emitido en radio sobre su vida (Radio 1, programa Siluetas, junio de 2006).

Recuerdo, como si fuera hoy, el día que le entregamos el primer premio Cirilo Rodríguez al mejor corresponsal y enviado especial español. «No me hagáis hablar ante todos, que me siento fatal. Además, vosotros habláis mejor». No era verdad y él lo sabía. He conocido a pocos conversadores tan amenos, con memoria tan prodigiosa, capaz de recordar los detalles más rocambolescos de la historia, del cine, del periodismo y del deporte.

Hoy entiendo mejor por qué huyó siempre de las luces y del ruido. «¿A qué viene tanta prisa?», se preguntaba en Brihuega tras dar varias vueltas al mundo desde aquel lejano 1965. Y él mismo respondía: «Uno necesita el cronómetro para decir ¡basta, esto se ha terminado! Me da igual un mes, una semana o un año. Se ha terminado».

Felipe Sahagún es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

El mejor perfil de Manu Leguineche en radio. Lo guardo como un tesoro

http://xurl.es/km6uc  (8:20 PM – 22 Jan 2014)

Manu Leguineche

25 de junio de 2006
 
El mítico reportero de guerra Manu LEGUINECHE es este domingo el invitado de Siluetas, el programa que dirige y presenta Manuel Ventero. Se trata de una edición especial grabada en la casa del periodista, convaleciente de una grave enfermedad.
 
La entrevista recorre su vida profesional, desde sus primeras crónicas en EL NORTE DE CASTILLA a las órdenes de su mentor, Miguel Delibes, hasta sus memorables trabajos como reportero de guerra. El programa recuerda los episodios más dramáticos vividos por el periodista. Entre ellos, el asesinato del padre Ellacuría, con quien le unía una estrecha amistad.
 
Leguineche, maestro de periodistas, reflexiona sobre la profesión y sobre los medios de comunicación: «antes éramos más tibios, pero también más solidarios y más humanos». Y explica su actitud hacia las guerras que tuvo que cubrir como enviado especial. En esta edición de SILUETAS hay dos elementos que aportan valor añadido a la entrevista:

 

1) la participación de Vicente Romero, reportero de TVE, con una semblanza final en la que recuerda situaciones límite vividas en común con Leguineche, a quien califica como «el mejor enviado especial de la historia»;

2) y una «carta» dirigida por el escritor Miguel Delibes a Manu Leguineche, en la que anima a su gran amigo a seguir luchando contra la enfermedad, como él había hecho.

Conversación entre Manu Leguineche y Enrique Meneses. Fragmento del documental «Oxígeno para vivir», de Georgina Cisquella, emitido en TVE 2. Se grabó en 2010. Meneses falleció en 2013 y Leguineche el 22 de enero de 2014.

Notas del funeral

El último adiós fue en el tanatorio madrileño de San Isidro el jueves, 23 de octubre, a las 17,30 horas. Me emocionaron las palabras de Don Mariano, el sacerdote que ofició la misa previa a la incineración en la capilla del tanatorio.

Manu fue un regalo de vida, una buena persona y la muerte no podrá separarnos de él.

Donde hay amor, hay vida.

El perdón es la gran manifestación de la vida y del amor.

Fue un hombre que pasó por la vida siendo vida y dando amor en un camino excepcional: el camino del amor y de la tierra.

Elegí la parábola del buen samaritano para esta despedida porque refleja muy bien la vida de Manu, un hombre que supo vivir porque supo amar, que es lo que nos hace libres.

Manu fue un buen samaritano que vendó muchas heridas.

Antes de pensar en el cielo, hay que trabajar para que esta tierra sea cielo.

Esta tierra es tanto más habitable cuanto más nos amemos y perdonemos a los que estamos en ella.

Todos sabemos lo que hay que hacer para ir al cielo. Lo que hay que hacer, como le gustaba decir a Manu, es hacerlo.

Manu bajó y estuvo en los infiernos.

Todos habeis tenido mucha suerte por tenerlo cerca.

Manu hizo grande  la profesión del periodismo…..

A continuación, en nombre de la tribu, Gervasio Sánchez pronunció unas palabras

Manu fue un ejemplo de fortaleza, dignidad y silencio en el dolor.

Tenía un gran don: el de hacernos sentir a todos importantes aunque no lo seamos.

Es como si el mundo se hubiese detenido de pronto el día en que la enfermedad le postró.

Defendió como nadie el periodismo vigilante, que no se doblega ante el poder.

Me encantaría decir que el de Manu es hoy el periodismo más valorado por la sociedad, pero me temo que no es así.

El cinismo se ha instalado en muchos huecos de nuestra profesión.

Si dirigiera una Facultad o un Master de periodismo, en vez de tanta monserga, obligaría a leer a Manu…

Carta de despedida de Gervasio: «Querido Manu, que ya estás en los cielos del periodismo»

A partir del minuto 41:51 del audio pueden escuchar la entrevista que me hizo por teléfono Manolo H. H. el 28 de enero de 2014 en su espacio de Radio 1 «España, vuelta y vuelta».   A continuación pueden leer el texto de presentación del programa de ese día.

Hoy hemos hecho el programa desde el Hospital Puerta de Hierro-Majadahonda en Madrid, que cumple 50 años. Hemos hablado del hígado, de las enfermedades hepáticas, con el doctor José Luis Calleja. También hemos tenido en nuestros estudios de la Casa de la Radio a Guillermo Gallego, ingeniero de Telecomunicaciones de la UPM, para hablar de un sistema de cámaras de visión estereoscópica, que se ocupa de la predicción de grandes olas y mareas. Xavier Martí, director de comunicación de EF España, nos ha presentado la tercera edición de la Feria de los Idiomas en el Extranjero-Go Global, que se celebra del 31 de enero al 2 de febrero en el Palacio de Neptuno de Madrid. Y no podíamos pasar el día de hoy sin recordar la figura del periodista Manu Leguineche, con Felipe Sahagún, miembro del Consejo Editorial de El Mundo.

ver más sobre «España vuelta y vuelta – 28/01/14»

Casi todos los premiados con el Cirilo Rodríguez en el 25º aniversario de los premios en Segovia. Presidiendo la banda, Manu Leguineche y Erique Meneses

Ha muerto un periodista. RT“@aprensamadrid: Muere Manu Leguineche, leyenda del periodismo español http://goo.gl/qdNVto ”  (8:54 AM – 23 Jan 2014)

NO OS LO PERDÁIS. Se va Manu Leguineche, el jefe de una tribu en peligro de extinción http://elasombrario.com/se-va-manu-leguineche-el-jefe-de-una-tribu-en-peligro-de-extincion/  vía @Elasombrario (12:01 AM – 23 Jan 2014)

Deja un comentario

Campos requeridos marcados con *.


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.