
La semana pasada se cumplieron veinte años del desplome del 71% en un plazo de doce meses del precio de las acciones de una start-up dirigida por un personaje obsesivo llamado Jeff Bezos. La experiencia cercana a la muerte de Amazon formó parte de la caída de las puntocom que puso de manifiesto la arrogancia del Valle del Silicio y que, junto con la estafa de 14.000 millones de dólares de Enron, hizo añicos la confianza en las empresas estadounidenses.
China, por su parte, se esforzaba en aquel momento por privatizar sus chirriantes compañías estatales y había pocos indicios de que pudiera crear una cultura empresarial. En cambio, la brillante esperanza se encontraba en Europa, donde una nueva moneda única prometía catalizar un gigantesco mercado integrado favorable a las empresas.
