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Nº 966. Noviembre de 2025.
Un plan incierto para Ucrania
Con un patrón similar al plan de paz para Gaza sellado en octubre, el 18 de noviembre se filtraba a la prensa una propuesta de 28 puntos para la paz en Ucrania negociada en secreto entre la Administración Trump y el Kremlin. En medio de la confusión sobre la verdadera autoría del plan, que recoge la casi totalidad de las demandas rusas y cruza las líneas rojas marcadas por Ucrania, Volodomír Zelenski reconocía a sus ciudadanos que se encontraban en “uno de los momentos más difíciles de nuestra historia”.
La UE y Reino Unido, convertidos en el principal apoyo político, económico y militar de Kyiv, reaccionaron con urgencia y extrema diplomacia. El 23 de noviembre se reunían en Ginebra con una delegación de EEUU y Ucrania para revisar el plan. Los 28 puntos iniciales se han reconvertido en 19, con una visión algo más equilibrada que, a día de hoy, no cuenta con la aprobación de Rusia. Como apunta Gwendolyn Sasse en Carnegie, “el mero hecho de las conversaciones entre EEUU y Ucrania en Ginebra ya envía una señal al presidente ruso, Vladímir Putin, de que el país invadido está dispuesto a comprometerse en varios puntos de un plan que bien podría haber sido coescrito por el invasor”.
Mark F. Cancian y Maria Snegovaya estudian detalladamente el plan en un informe en CSIS y concluyen que la combinación de cesiones territoriales, el techo de 600.000 efectivos para el ejército ucraniano y el veto permanente a la entrada en la OTAN solo sería políticamente sostenible si se acompaña de garantías “automáticas” ante una nueva agresión, algo establecido de manera ambigua y reversible en el primer borrador del plan.
La directora ejecutiva de Chatham House, Bronwen Maddox, advierte que Europa llega tarde, pero aún puede “recalibrar” el resultado si ofrece un paquete propio de seguridad. Asimismo, afirma que “en aras de la seguridad y la prosperidad europeas, los líderes europeos deberían acordar rápidamente liberar los activos congelados de Rusia para el apoyo de Ucrania y declarar claramente su voluntad de defender a Kyiv frente a cualquier agresión futura rusa”.
Para algunos analistas el plan no es un punto de partida válido para una paz duradera entre Ucrania y Rusia. Riccardo Alcaro, coordinador de investigación en IAI, sostiene que al reconocer a Rusia, una vez más, ganancias territoriales por la fuerza y limitar la soberanía ucraniana se vulnera el orden europeo y se incentivan futuras agresiones rusas. Ryan Evans propone en War on the Rocks un marco gradual de principios: seguridad recíproca verificable, separación entre alto el fuego y reconocimiento de fronteras, acuerdo humanitario y reconstrucción ligada a cumplimiento, todo respaldado por una presión militar, económica y diplomática por parte de los europeos para que Rusia negocie en serio.
Para la UE, la filtración del plan ha sido una llamada de alarma: si no logra influir en la secuencia de la negociación y en los mecanismos de verificación, el acuerdo podría congelar la guerra en términos favorables a Rusia y dejar a la Unión con una frontera insegura. Tres documentos publicados en noviembre se centran de manera extensa en la amenaza rusa y evalúan las capacidades y herramientas de las que disponen los europeos para contenerla o hacerle frente.
Thomas Gomart, director del francés IFRI, encabeza un amplio estudio interdisciplinar sobre la correlación de fuerzas entre Europa y Rusia. El estudio, que ha contado con el asesoramiento de un comité integrado por los directores de nueve think tanks europeos, se centra en cuatro dimensiones: los fundamentos económicos y, en particular, energéticos; las posturas estratégicas y los medios militares; la resiliencia política y social; y el posicionamiento internacional y las alianzas. La conclusión es que Europa tiene el potencial económico y tecnológico para contener a Rusia hasta 2030. El punto débil está en la falta de compromiso y alineamiento político sostenido necesario para hacer frente a una amenaza a largo plazo como la que representa Moscú.
En una investigación conjunta entre el alemán SWP y el francés IRSEM se argumenta que una paz estable en el continente pasa por integrar a Kyiv en la arquitectura de disuasión europea, una decisión que cobrará urgencia cuanto más reduzca EEUU su participación en la seguridad de Europa. Asimismo, dada la experiencia de Ucrania en tomar medidas amplias e innovadoras para defenderse, la cooperación con Kyiv puede ayudar a otros actores europeos frente a desafíos futuros. Los autores señalan también que formatos flexibles como la “Coalición de voluntarios” con Ucrania ganarán relevancia en el escenario europeo y global.
Sobre la importancia creciente de cooperaciones ad hoc, Andreas Umland, analista del Swedish Institute of International Affairs (UI), cree que, ante un EEUU menos fiable, la “coalición voluntarios” alrededor de Ucrania es el embrión de un modelo de cooperación multilateral futura entre los países democráticos de diferentes continentes, incluso con culturas divergentes. Para la UE es esencial superar sus limitaciones como actor mundial.

