
Imagen generada por Gemini (IA)
31 de mayo de 2026, 12:30 horas. Pienso en este encuentro en Aranjuez, de hoy en un mes, a finales de junio, y pregunto a la herramienta Gemini de IA de Google qué lecciones destacaría para el periodismo en las últimas guerras de Ucrania, Gaza e Irán.
Esta es su respuesta:
Los conflictos recientes en Ucrania, Gaza y las escaladas en Oriente Medio (incluyendo la guerra en la sombra y los choques directos con Irán) han transformado radicalmente el terreno de juego para los medios de comunicación. Informar hoy desde el frente no solo es físicamente más peligroso, sino conceptualmente más complejo debido a la digitalización extrema y la polarización global.
Las principales lecciones que estos conflictos dejan al periodismo se pueden estructurar en cinco grandes ejes:
1. La Inteligencia de Fuentes Abiertas (OSINT) como pilar informativo
Ya no se depende únicamente de los corresponsales sobre el terreno o de los comunicados oficiales de los ejércitos.
Verificación satelital y digital: En Ucrania y Gaza, el uso de imágenes por satélite comerciales, geolocalización de videos de TikTok o Telegram, y el análisis de sombras o metadatos han servido para desmontar propaganda oficial en tiempo récord.
El riesgo del «sillón»: La lección clave es que el OSINT debe complementar al periodismo de campo, nunca sustituirlo. Sin reporteros que contrasten la realidad humana e histórica, los datos fríos de los satélites pueden descontextualizarse.
2. La trampa de la «Guerra de la Información» y la IA
La desinformación ya no solo busca convencer de una mentira, sino saturar al público para que desconfíe de toda verdad.
Deepfakes y clonación de voz: Desde los videos falsos de Zelenski rindiéndose hasta imágenes generadas por IA de falsas masacres o bombardeos en Gaza e Irán. Los medios han tenido que aprender a implementar laboratorios de fact-checking en tiempo real.
Guerra psicológica en redes: Los gobiernos (especialmente Rusia e Irán) y actores no estatales utilizan ejércitos de bots para modular la opinión pública occidental. Los periodistas han aprendido que compartir demasiado rápido equivale a ser un peón del conflicto.
3. Seguridad física y digital extrema para los reporteros
El precio en vidas humanas ha sido devastador, obligando a replantear los protocolos de protección.
El teléfono móvil como un arma de doble filo: En Ucrania y Gaza, llevar un smartphone encendido puede revelar la posición de un equipo de prensa a sistemas de geolocalización militar, convirtiéndolos en blanco de misiles o drones. La ciberseguridad es ahora tan importante como el chaleco antibalas.
La vulnerabilidad de los periodistas locales: En Gaza, ante el bloqueo a la prensa internacional, la carga informativa recayó en los reporteros locales, quienes han sufrido el índice de mortalidad más alto de la historia reciente del periodismo. La lección para los grandes medios es la obligación ética de proteger y financiar adecuadamente a sus colaboradores locales (fixers).
4. El apagón informativo y el control de la narrativa
El acceso al terreno se ha convertido en una moneda de cambio política.
Gaza y el bloqueo total: La prohibición de Israel a la entrada libre de la prensa internacional obligó a los medios a depender de transmisiones en vivo de ciudadanos o reporteros atrapados dentro, planteando dilemas éticos sobre cómo verificar la información sin estar allí.
Irán y la censura digital: Durante los picos de tensión, los apagones de internet y la persecución al periodismo independiente dentro de Irán han obligado a los medios internacionales a perfeccionar el uso de VPNs, canales encriptados (como Signal o Telegram) y redes de exiliados para poder purgar la censura estatal.
5. El sesgo de la empatía y el doble rasero lingüístico
Los conflictos han puesto un espejo incómodo frente a los criterios editoriales de los medios occidentales.
Narrativas asimétricas: Se ha criticado ampliamente la diferencia de tono, empatía y lenguaje utilizada al cubrir a las víctimas en Ucrania en comparación con las de Gaza. Términos como «terroristas», «fuerzas de defensa», «daño colateral» o «asesinato» se miran hoy con lupa por parte de una audiencia global hipercrítica. La lección es que la neutralidad mal entendida puede convertirse en complicidad, y que el rigor terminológico es innegociable.
En resumen: El periodismo moderno de guerra ya no solo cubre batallas con cámaras y libretas; ahora combate en una infraestructura digital donde la verdad es el objetivo principal a destruir. La velocidad ya no es la prioridad; el escepticismo radical, la verificación tecnológica y la ética humana son las verdaderas herramientas de supervivencia para el oficio.
Hace 2 o 3 meses, preparando la primera clase de mi asignatura -Información de conflictos internacionales y misiones de paz- par el Master de Relaciones Internacionales y Comunicación de la UCJC, pregunté a la IA, por curiosidad, cómo presentaría ese primer día clase, teniendo en cuenta las relaciones entre periodistas y militares en conflictos. Esta fue su respuesta.
