
El mundo actual suele describirse como una sucesión de crisis o un espacio en transición. Pero, más allá de los acontecimientos, lo que define este momento es algo más profundo: la ausencia de un relato compartido. No hay una única forma de interpretar el orden internacional, ni consenso sobre sus reglas o su dirección.
Desde Pekín hasta Washington, pasando por Moscú, Bruselas o las capitales del Sur Global, cada tradición intelectual proyecta una lectura propia de la realidad internacional. Algunas enfatizan el poder y la historia; otras, las normas, la identidad o la autonomía. Esta diversidad no solo refleja intereses distintos, sino también experiencias históricas y concepciones contrapuestas sobre cómo explicar el pasado y organizar el presente.
