
El pasado 25 de marzo, Alemania inauguró una insólita legislatura en el Bundestag. Con 152 escaños, la formación de extrema derecha, Alternativa para Alemania (AfD), consolidada su mayor representación parlamentaria desde su creación en 2013. El partido es actualmente la segunda fuerza política y principal grupo de la oposición.
Pese a su ascenso, su influencia legislativa seguirá limitada por el «cordón sanitario» de los partidos tradicionales. Algo que no ha impedido en los últimos meses pliegues a sus exigencias en temas migratorios, en especial por parte de los conservadores de la CDU. Una posición que acrecienta las dudas sobre la supervivencia de este «cerco» a la ultraderecha.
