Resumen ejecutivo
Este informe analiza los factores previos a la guerra, las principales aspiraciones estratégicas de los actores involucrados y las trayectorias posteriores al conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán en 2026. El alcance de la guerra ha abarcado toda la región y configurará nuevas realidades regionales tras el fin de las hostilidades. La complejidad de la dinámica regional implica que el orden futuro estará determinado por factores estructurales perdurables y un número limitado de incertidumbres de gran impacto. El futuro del orden geoestratégico en Oriente Medio tras el fin de la guerra no convergerá hacia un único equilibrio estratégico.
La guerra no se desencadenó por un solo incidente, sino que fue resultado de la confluencia de varios factores: el colapso de la diplomacia nuclear, la intensificación de las rivalidades regionales y la normalización del uso de la fuerza como estrategia política. El estrecho de Ormuz se convirtió en un foco de tensión económico y geopolítico, mientras que la postura militar regional de Israel y las ambiciones de Washington de derrocar regímenes agravaron aún más las tensiones. El programa nuclear iraní fue el factor subyacente de las tensiones entre Estados Unidos e Irán.
La dinámica de la posguerra se define por objetivos fundamentalmente incompatibles. Estados Unidos e Israel buscan el desmantelamiento de las capacidades nucleares y de misiles de Irán, mientras que Irán prioriza la supervivencia del régimen, la disuasión estratégica y el levantamiento de las sanciones. Los estados del Golfo exigen estabilidad y flujos energéticos. En este contexto, Pakistán se ha erigido como un mediador clave en la búsqueda de la paz y la estabilidad regional.
El futuro orden regional estará determinado por tres variables estructurales: la decisión nuclear de Irán (moderación frente a armamento), la posición estratégica del estrecho de Ormuz y la evolución de la dinámica en Oriente Medio. Estos factores generan múltiples escenarios plausibles, que van desde una estabilidad controlada hasta una carrera armamentística fragmentada, con distintos grados de cooperación o discordia.
En general, la región está entrando en una fase de «fragmentación competitiva», caracterizada por la inestabilidad persistente, la militarización tecnológica y el debilitamiento de las normas internacionales. Una solución duradera depende de un marco nuclear negociado, la estabilización de la seguridad marítima en Ormuz y una diplomacia multilateral sostenida, en la que el papel mediador de Pakistán sigue siendo un factor clave.
